VIAJE A ITÁLICA y CARMONA (SEVILLA)

Viaje realizado y organizado por la Asociación C. ATHENAA los pasados días 12 y 13 de marzo/22.

Un viaje a la historia de la Vega del Guadalquivir y la Campiña Sevillana no podía estar mejor complementado que hospedarse en un lugar con esencia de historia como es el hotel Alcázar de la Reina, ubicado en el centro histórico-monumental de Carmona, un lugar con encanto que  tiene ese aire que mezcla a la perfección un ambiente señorial con un intenso romanticismo, donde sus muros han sido testigos mudos de infinidad de historias de amor, desamor, celos y rencillas.

Una de esas historias es cuando en el siglo XV el rey de Castilla, Juan II (el padre de Isabel la Católica), se decidió a lanzarse a la guerra contra el Sultán de Granada, tuvo una idea clara en su cabeza, como fue la de dejar a su amada esposa segura y a buen recaudo, y para ello eligió el Alcázar de la Puerta de Córdoba, una fortificación en las murallas de la próspera ciudad de Carmona donde sin duda la reina estaría a salvo de sus enemigos. La fortaleza se acondicionó para convertirla en una vivienda cómoda para ella, y desde entonces pasó a llamarse Alcázar de la Reina.

CONJUNTO ARQUEOLÓGICO DE ITÁLICA:

La ciudad romana de Itálica en el Bajo Guadalquivir en la actual Santiponce, a tan solo 7 km. al noroeste del centro de la ciudad de Sevilla, fue fundada en 206 a.c. por Publio Cornelio Escipión, “El Africano”, que después de ganar la Batalla de Ilipa en la segunda Guerra Púnica lo destinó como lugar donde recuperar a las tropas heridas así como un lugar de residencia para sus veteranos de guerra. Fue la cuna de los emperadores Trajano y Adriano, y punto de origen de buena parte de los senadores de la época. Se mantuvo en uso hasta el periodo musulmán cuando pasó a ser una cantera de materiales, siendo entonces conocida como “Sevilla la vieja”.

Nuestra visita guiada por Rocío R. Durán Molina arqueóloga de “Arqueofoodtour”, se ha concentrado en las ruinas de la denominada como «nova urbs», es decir la expansión urbanística acometida durante la etapa del emperador Adriano (117-138 de la era actual), periodo en el que la ciudad logró el rango de colonia. Una nueva ciudad que llegó a tener alcantarillado, servicios…o sea una ciudad de las más avanzadas del mundo romano en su momento.

Entre los edificios públicos visitados, destacan el Anfiteatro y una serie de grandes casas “Domus” que pertenecían a las familias más importantes y ricas de la zona, familias en su mayoría con vínculos directos con los emperadores nativos. Estas casas respetaban la estructura tradicional de las casas romanas, con sus patios interiores, y que se conservan algunos restos de varias de estas viviendas, como la “Casa de la Exendra”, “Casa del Planetario”, “Casa de los pájaros”, “Casa de Hilas”, “Casa del patio rodio” y  “Casa de Neptuno”, como las más destacadas ya excavadas en parte, restando aún muchas por aflorar en futuras excavaciones.

ARQUEOGASTRONOMÍA:

Una experiencia única incluida en nuestra visita, ha consistido en la cata y disfrute de los sabores de la Gastronomía Romana a escasos metros del Conjunto Arqueológico de Itálica, en el restaurante “La Caseta de Antonio” de la mano de “Arqueofoodtour”, una iniciativa empresarial “spin off” de las universidades de Cádiz y Sevilla dirigida por el Arqueólogo Manuel León Bejar, dentro de su programa “Sabores de Itáica”, una actividad científica y divulgativa en la que hemos podido conocer de primera mano de una forma amena y deleitable, de un almuerzo (Convivium) realizado con técnicas de cocina de época alto-imperial romana junto con una cata de vinos reconstruidos. Todo dirigido y muy bien explicado por el historiador de la empresa Carlos Jiménez Barea y que nos acompañó durante todo el Convivium.

Una degustación que se compuso de:

El “Gustatio” con queso de cabra payoya, mousse de garum, pan de farro “panis quadratus” y con vino Mulsum;

“Prima Mensa” con iscias de molusco (albóndigas de mejillones) con brotes de judias en salsa garum, piñones, mostaza e hijos secos, regado con el vino Sanguis;

“Caput Cenae” un codillo de cerdo cocido en garum sobre un lecho de trigo rústico y acompañado del vino Antinoo;

Y como colofón degustativo para terminar, la “Secunda Mensa” un Aliter dulcia de Apicius (torrija en almíbar de miel) con helado de queso romano. 

CIUDAD MONUMENTAL DE CARMONA:

La ciudad de Carmona en la comarca Campiña de Carmona, con una ubicación en lo alto de un cabezo de fácil defensa ha condicionado su historia y ha favorecido un continuo poblamiento desde tiempos prehistóricos. Sus distintas denominaciones ponen de manifiesto el paso de diferentes culturas, desde su raíz semita “Kar” (ciudad), a “Carmo” por los romanos y “Qarmuna” por los árabes.

En el año 206 a.c. es conquistada a los cartagineses por el Imperio Romano, convirtiéndose en uno de los núcleos urbanos más importante de la Bética, con importantes restos arquitectónicos y escultóricos junto con restos de la época visigoda y musulmana  que nos han llegado hasta la actualidad, destacando la impresionante Necrópolis frente al anfiteatro más antiguo de la Bética, la Puerta de Córdoba (siglo I, época de Augusto), La Puerta de Sevilla con inicios constructivos siglo VIII a.C. y con intervenciones fenicias, cartagineses, romanos, árabes y finalmente cristianos, y el propio trazado urbano de la ciudad.

Nuestra excursión se ha concentrado en los vestigios romanos, visitando la Necrópolis y su museo a poniente de la ciudad, en su época a las afueras y hoy integrado en el casco urbano.  Se data en torno al siglo I, donde el ritual de enterramiento más frecuente era la incineración. Los cadáveres eran incinerados en quemaderos excavados en la roca donde se colocaba la pira. En ocasiones, estos quemaderos se utilizaban también como enterramientos, depositando las cenizas en la fosa, que se cubría con sillares, ladrillos o tégulas. Una vez cubiertos, se colocaba una estela para indicar el lugar y el nombre del difunto, y como más generalizado es el tipo de mausoleo colectivo de carácter familiar.

Dentro del complejo de la Necrópolis, destacan por su magnitud e importancia:

  La tumba del Elefante, una tumba-santuario excavada en la roca con un gran patio y un pasillo central con acceso a una serie de dependencias, cámara funeraria, cocina, triclinio y cámaras laterales. Dedicado al culto a el dios Attis -dios que moría y resucitaba cada año y la diosa Cibeles-Diosa Madre, señora de la vida y la muerte, y su nombre se debe a una escultura de piedra con forma de elefante que apareció en la cámara funeraria.

La tumba de Servilia, una tumba fechada en época de Augusto reutilizando una antigua cantera romana, que perteneció a una familia de los Servilios gobernantes-funcionarios romanos que reproducen una lujosa mansión “domus”, con un amplio patio porticado al que se abren diferentes estancias, como la cámara funeraria, que tiene un gran vestíbulo de planta trapezoidal, cubierto por bóveda apuntada y unas magníficas pinturas murales en el pasillo de acceso a la cámara principal, que le confiere un carácter singular sin precedentes en el lugar.

Dentro del Complejo Arqueológico se encuentra el Museo de la Necrópolis, que se inauguró en 1885, siendo una de las primeras instituciones museísticas españolas vinculada directamente al yacimiento arqueológico, la necrópolis de Carmona.  La colección expuesta, en su mayoría de los siglos I y II d.C., recoge una buena representación de los ajuares funerarios, destacando entre ellos, el equilibrio cultural entre la tradición local y los elementos propios de las manifestaciones funerarias romanas, entre los que resaltamos la escultura, epigrafía y pintura mural.

Frente a la necrópolis y en la Via Augusta se localiza el Anfiteatro de Carmona, está datado del siglo I a.C. Se trata de una construcción de tipología muy arcaica, similar al de Pompeya con el que comparte características. Es de forma ovalada aprovechando una vaguada natural entre dos colinas. Se calcula un aforo aproximado de 18 mil espectadores y solamente se conservan algunas partes sobre la zona escavada en la roca.

El centro urbano de Carmona atesora vestigios y huellas de la estructura urbana romana, con su “Kardo Maximus” en el camino Hispalis-Córdoba, coincidente con el trayecto entre Puerta Sevilla al oeste hasta Puerta de Córdoba al este, y el Decumanus Maximus hoy desaparecido en el centro urbano, pero que como punto de cruce de ambas se localizaba el centro comercial y social “forum”,  donde hoy se ubica la Plaza de San Fernando.

El Alcázar de la Puerta de Sevilla se encuentra situado en la Plaza de Blas Infante, se erige sobre la Puerta de Sevilla, formando así un complejo defensivo casi inexpugnable. Sufrió durante los siglos XIV y XV importantes cambios. Fue restaurado entre 1973 y 1975 y sus dependencias se han habilitado para la celebración de actos culturales y turísticos. En la actualidad sirve como sede al Centro de Recepción Turística

Una construcción de gran porte y visible desde cualquier rincón de Carmona, posee varios elementos a destacar como la Torre del Homenaje que llega hasta la altura del patio y conserva intactos los sillares almohadillados. La Torre del Oro desde donde se puede disfrutar de una bonita panorámica de Carmona, varios salones y un Patio de los Aljibes llamado así porque en el centro del patio hay un aljibe excavado en la roca con seis lumbreras alrededor.

Como final de nuestro recorrido por la historia de Carmona, la visita obligada al Museo de la Ciudad, ubicado en la rehabilitada Casa Marqués de las Torres del siglo XVI, donde se da a conocer la historia de Carmona y podemos ver restos arqueológicos de los periodos paleolítico, calcolítico, turdetano o andalusí, pero los más importantes son los restos tartésicos (Vasos de Saltillo) y romanos.

Nuestra visita se centró en primer lugar con la colección tartésica sobre el Vaso de las Grifos,  una vasija de arcilla policromada con dibujos del animal mitológico, elaborada entre el 650 y el 550 a.C, hallado en una estancia religiosa junto con otros objetos rituales en 1992 en la casa-palacio del Marqués del Saltillo. Su importancia viene dada por el claro ejemplo de la influencia orientalizante introducida en la Bética como consecuencia de relaciones comerciales y culturales con otros pueblos del Mediterráneo.

En segundo lugar con la colección romana, y en particular todos los objetos encontrados accidentalmente en un mausoleo dentro de una casa particular en la calle Sevilla, conocida como “La tumba de Hispania y Senicio«, por aparecer estos nombres escritos en la tapa de dos urnas encontradas en los nichos abiertos en las paredes de la cámara subterránea. La colección está compuesta por seis urnas que contenían restos óseos, des de ellas de vidrio soplado y las otras cuatros de piedra, así como distintas piezas pertenecientes a los ajuares y recipientes para las ofrendas funerarias. Destacando unos resto líquidos de esencia aromática que se conservaba dentro de unas de las urnas de cristal, un anillo de oro de Jano y un plato de vidrio mosaico que por su rareza es la pieza más singular de la colección.

Una vez cumplidas las necesidades alimenticias en muy buena compañía y con buenos manjares de la restauración carmonense, tomamos el camino de vuelta a casa con el placer de haber disfrutado de parte de la historia hispalense, y con la ilusión de los nuevos y próximos objetivos interesantes que a seguro nos ofertará la Asociación Cultural Athenaa.

Sobre el autor: Athenaa (fgo)

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