Visita de Athenáa al enclave arqueológico de Los Millares en Santa Fe de Mondújar (Almería).

El pasado 29 de noviembre pudimos disfrutar de una visita a uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de España. Este enclave arqueológico es un referente del Calcolítico a nivel europeo, por una organización y distribución espacial de una extraordinaria complejidad funcional para la época que estuvo ocupado (del 3200 al 2200 a. C.).

Athenáa vuelve a visitar el yacimiento de los Millares, después de nuestra anterior visita en 2018, el yacimiento ha sido objeto de una nueva campaña de excavaciones, dentro del Proyecto General de Investigación (PGI) 2023-2026 por la Universidad de Granada, dirigidos por los profesores Juan Antonio Cámara Serrano y Alberto Dorado Alejos. El año pasado se completó la III Campaña del proyecto centrada en áreas clave como la «Tumba de la Chilena», la ciudadela y la gran cisterna del poblado, en la que se han hallado varios ídolos de la “Cultura de Almería”, más de 2.000 cuentas de collar de diversos materiales, y casi 200 puntas de flecha, entre otros materiales, junto a los restos de miles de huesos que los análisis forenses preliminares indican que podrían haber pertenecido a más de 35 individuos. Actualmente, el yacimiento se encuentra en una fase activa de excavación.

Aunque se han realizado docenas de campañas individuales de campo, hoy en día Los Millares se gestiona como un Enclave Arqueológico bajo la tutela de la Junta de Andalucía, manteniendo líneas de investigación abiertas de forma permanente, y en sucesivas campañas, no solo proseguirán las excavaciones en las áreas de hábitat de la ciudadela y en su parte más elevada, sino que, en la medida en que la financiación lo permita, los trabajos se extenderán a otras zonas centrales del poblado con el objetivo de confirmar la presencia de nuevos edificios especializados y precisar su cronología. Los avances obtenidos en Los Millares están revelando dimensiones hasta ahora desconocidas sobre la complejidad social y la organización de estas comunidades prehistóricas, sorprendiendo incluso al propio equipo investigador por el nivel de desarrollo que muestran.

Arrancamos nuestra visita desde la calle Los Millares de Santa Fe de Mondújar y desde el Mirador de los Puentes podemos disfrutar de la panorámica que nos ofrece los dos puentes sobre el río Andarax, el de la carretera de acceso al pueblo y el del ferrocarril de la línea Almería-Linares que atraviesa el subsuelo del yacimiento, cuyas obras a finales del siglo XIX fueron el ínicio de investigación del yacimiento por parte del ingeniero belga Luis Siret (1891-1893), que fue el el primero en excavar el sitio de forma extensiva y documentó gran parte de la necrópolis (casi un centenar de tumbas) y las líneas de muralla. Sus hallazgos pusieron a Los Millares en el mapa de la prehistoria mundial, como la «primera ciudad» de la Península Ibérica hace más de 5.000 años.

Desde Santa Fe de Mondújar nos dirigimos al sur, donde a una distancia aproximada en línea recta de 1.400 m., se localiza el yacimiento de Los Millares sobre un gran espolón amesetado. Iniciamos nuestra recorrido visitando el Centro de Recepción de Visitantes del Enclave Arqueológico de Los Millares.

Centro de Recepción de Visitantes del Enclave Arqueológico de Los Millares.

El centro está diseñado para introducirte en el contexto antes de caminar por el yacimiento real, incluyendo: Zona Interpretativa con una réplica a escala real de una parte del poblado, con cabañas reconstruidas, talleres metalúrgicos y tramos de muralla; Exposición y Audiovisuales con paneles informativos y recursos didácticos que explican la evolución del yacimiento y la importancia de la metalurgia del cobre; y la App «Millares Virtual» que ofrece un soporte para el uso de esta aplicación de realidad aumentada, que permite ver cómo eran las murallas y los fortines en su época de esplendor mientras se camina por las ruinas.

El poblado de Los Millares se asienta sobre una meseta o espolón de forma triangular delimitado por dos accidentes geográficos imponentes con cortados por tajos y desniveles pronunciados sobre los cauces, al norte y levante el río Andarax y al sur la rambla de Huéchar, siendo a poniente el único frente de acceso expuesto sin defensa natural y que fue precisamente donde se levantaron las impresionantes líneas de muralla.

Reconstrucción esquemática del poblado Los Millares. (Fuente: lasalle.es)

Este medio físico ofrecía tres elementos vitales que permitieron el desarrollo de una sociedad tan compleja: Visibilidad, desde la meseta se controlan visualmente los accesos desde la costa y hacia el interior de la provincia, lo que se reforzaba con la red de 13 fortines situados en los cerros circundantes; Control del agua con la confluencia del río y la rambla que no solo daba protección, sino también acceso a agua para el consumo y una agricultura incipiente; y la riqueza minera al encontrarse cerca de la Sierra de Gádor, una zona rica en malaquita y azurita, minerales de cobre fundamentales para la metalurgia que hizo famoso al yacimiento.

Después de la introducción sobre el contexto del yacimiento en el centro de recepción e interpretación, pasamos a recorrer a pie el enclave arqueológico y lo hacemos a través del sendero general que nos lleva en primer lugar a la zona de la necrópolis y a continuación al poblado con su primera muralla, la barbacana y la puerta sur.

Recorrido por el sendero general del yacimiento hacía la zona de la necrópolis y el poblado.

En la parte centro-occidental de la zona de la Necrópolis se encuentran varias agrupaciones de tumbas, el Grupo Central está compuesto por quince tumbas que como el resto fueron excavadas en el siglo XIX por L. Siret y que recientemente han sido reexcavadas para su consolidación y puesta en valor, recuperando su extructura monumental. La primera que nos encontramos a la izquierda del sendero es la denominada como Tumba 22.

La Tumba 22

La Tumba 22 (también identificada como 22/L) fue excavada originalmente a finales del siglo XIX por L. Siret. Está asentada directamente sobre la roca y posee una cámara circular central con un diámetro de 3,30 x 3,15 metros, revestida por un zócalo de esquistos. Cuenta con un corredor de acceso que mantiene su enlosado original de piedras planas, dividido en tres tramos mediante aros perforados. La entrada principal se realiza a través de un atrium formado por dos muros de mampostería. En excavaciones de 2020, se documentó un recorte intencionado en la roca que prolongaba el acceso, lo que incrementa su monumentalidad.

La estructura incluye dos nichos laterales en la cámara y un tercer nicho lateral situado en el tramo intermedio del corredor, donde se han documentado una gran cantidad de inhumaciones distribuidas en sus distintos espacios: 20 individuos en la cámara principal, en el nido derecho y otros dos en el izquierdo, además de 11 infantiles en el nicho del pasillo. Estudios forenses recientes han detectado la presencia de huesos quemados, lo que sugiere que se realizaban limpiezas periódicas de los restos óseos para permitir el uso continuado de la tumba durante varios siglos. En su interior se ha recuperado un ajuar funerario compuesto por una hoja de silex, cuentas de collar y diversas vasijas cerámicas.

La siguiente estructura funeraria que visitamos està siguiendo el sendero a una distancia aproximada de 100 m. al norte, denominada como Tumba 40.

La Tumba 40

La Tumba 40 es considerada la más monumental de toda la necrópolis de Los Millares debido a su complejidad arquitectónica, sus grandes dimensiones y la relevancia de sus hallazgos. Fue excavada originalmente a finales del siglo XIX por L. Siret y P. Flores, y recientemente ha sido reexcavada y consolidada para su apertura al público. Es una de las mejor conservadas y restauradas del yacimiento.

También es conocida como la «Tumba de la Chilena», aunque el nombre no tiene nada que ver con la nacionalidad de quien estuviera enterrado allí (que eran habitantes locales de hace unos 5.000 años), sino por su descubridora, Àngela Mendoza, una arqueóloga chilena que excavó la tumba en 1970 y los trabajadores del yacimiento y sus colegas empezaron a referirla de forma coloquial como “de la chilena”, nombre que caló y que hoy aparece en referencias oficiales.

Se trata de una sepultura tipo tholos con una cámara circular que mide 6,55 x 5,50 metros, lo que supera con creces la media del resto de las sepulturas del yacimiento. Sus muros de piedra de doble cara conservan una altura de hasta 2 metros en su sección occidental. El corredor tiene una longitud de 3,60 metros y está dividido en dos tramos mediante tres aros perforados de pizarra y arenisca. En el centro de la cámara se localizó un hoyo de poste de grandes dimensiones. Esto indica que contaba con un poste central de madera para sostener una cubierta de madera, ramajes y barro, una solución necesaria dada la gran envergadura del espacio.

La tumba destaca por el alto número de enterramientos documentados, con un total de 100 individuos en la cámara y 2 en el corredor. Se recuperó uno de los conjuntos de objetos más importantes de la necrópolis, un ajuar compuesto por unas 60 puntas de flecha, decenas de láminas de sílex, hachas pulimentadas, piezas metálicas de cobre y cerámicas con decoración simbólica. Entre los hallazgos figuran artículos de materiales exóticos como ámbar y marfil, además de ídolos falange e ídolos tolva, materiales que hoy se custodian en el Museo Arqueológico Nacional (MAN).

También es famosa precisamente por ser una de las grandes excepciones a la norma en Los Millares, su orientación noreste, mientras que la gran mayoría de las más de 80 tumbas del yacimiento siguen un patrón de orientación «estándar» hacia el este/sureste (salida del sol), es una alineación común en el megalitismo europeo, vinculada a rituales de regeneración y vida, la de la Chilena decidió ir por libre, quizá para ser vista desde el poblado, o para evitar la pendiente del terreno o la proximidad de otras tumbas, o se tratase de un linaje o grupo familiar que quería distinguirse del resto.

La monumentalidad de la Tumba 40 y la riqueza de sus ajuares son indicadores de una jerarquización social dentro de la sociedad de Los Millares durante el IV-III milenio a.C., reflejando la existencia de grupos con diferentes niveles de estatus y poder.

De vuelta al sendero nos dirigimos al poblado, acercándonos al sector norte de la Muralla I, un tramo con alternancia de torres compuesta por dos paramentos de mampostería que descansan sobre una hilera de grandes losas y ortostatos hincados verticalmente. En su interior en intramuros se encuentran varias estructuras de cabañas de planta circular y espacios utilizados para actividades metalúrgicas.

Desde esta zona podemos divisar al noroeste y a poniente del sector norte de la muralla, un conjunto de sepulturas en su mayoría de cámara circular y corredor. Por su cercanía al poblado y al rio Andarax pudo ser un área destacada de la necrópolis. Dentro de este conjunto se encuentran las tumbas 55 y 68.

Tumbas 55 y 68

Tumbas 55 y 68 en el Grupo Norte con el corredor orientado al sur.

Estas dos tumbas tienen la singularidad de ser las únicas documentadas del yacimiento que están orientadas al sur. Restauraciones recientes han recuperado su arquitectura original en las que han aparecido diversos recintos, entre los que destacan algunos nichos laterales. Entre los ajuares recuperados destacan múltiples fragmentos de cerámica de pasta negra y naranja, objetos metálicos, idolos-falange, así como numerosas conchas y cuentas de collar.

El sendero por donde hemos atravesado la necrópolis nos lleva hasta la muralla exterior denominada como Muralla I, inicio del poblado.

Para estructurar nuestra visita por el poblado, aprovechamos la distribución por recintos de la web Argárica. En primer lugar en verde (1), la puerta principal (barbacana); en azul (2) la canalización, acequia o acueducto; en violeta (3) los talleres metalúrgicos del tercer recinto; en naranja (4) el edificio singular palacio-almacén; y en rojo (5), la ciudadela y su alberca, cuarto recinto.

Muralla I – Puerta Principal

La puerta principal de la muralla exterior o «Muralla I» de Los Millares no es solo una entrada; es una de las obras de arquitectura militar más complejas y sofisticadas de la Prehistoria europea. Fue diseñada no solo para resistir ataques, sino para impresionar y controlar a cualquiera que se acercara al poblado. Con un diseño de embudo, a diferencia de una puerta simple en un muro, esta entrada es un pasillo estrecho y alargado que se proyecta hacia el exterior de la muralla principal (barbacana), y al ser un corredor estrecho, los atacantes quedaban confinados en un espacio donde no podían maniobrar, mientras que los defensores podían atacarlos desde lo alto de los muros laterales.

La puerta está flanqueada por grandes bastiones circulares o semicirculares que permitían una visión de 360 grados sobre el foso y el área de acceso donde se ubicaba el cuerpo de guardia donde los guerreros o vigias podían pernostar o almacenar armas. Construidos con piedras trabadas con barro, alcanzando espesores y alturas considerables para la época (Edad del Cobre, aprox. 3200-2200 a.C.), y no había una sola puerta de madera, sino puertas sucesivas como barreras que obligaban a un tránsito lento.

Inicialmente la entrada era un simple vano de gran anchura que se fue estrechando sucesivamente, haciéndose más compleja su estructura. Posteriormente se construyó delante la barbacana, cuyos muros con estrechas aspilleras a intervalos regulares para dominar visualmente el entorno, y que podían usarse como saeteras por su poca distancia con el suelo. En el interior, junto a la muralla, se han localizado restos pertenecientes a cabañas de planta circular y reducidas dimensiones.

La barbacana con las aspilleras de observación en los muros.

Más allá de la defensa, la puerta principal tenía un efecto de simbolismo y poder con una función de propaganda del estatus del poblado, la visión de esta muralla monumental y su puerta fortificada, dejaba claro que se entraba en una sociedad organizada, jerarquizada y con gran capacidad técnica, así como de control social al ser un punto de filtrado donde se controlaba el intercambio de bienes (como el cobre) y el acceso de las poblaciones circundantes.

Traspasada la puerta principal por el pasillo de protección, accedemos al recinto donde anejo a la muralla se han localizado zócalos de mamposteria de pequeñas cabañas circulares, y a la izquierda se localiza una tumba tholos reconstruida.

Entrada desde el pasillo de la barbacana al primer recinto del poblado.

Acueducto

En el interior del recinto se contemplan los restos de un acueducto  o acequia que transportaba el agua cruzando la necrópolis y el primer recinto hasta la segunda muralla. Ello es una prueba del importante desarrollo que la ingeniería hidráulica llegó a alcanzar en esta sociedad, muy avanzada para su tiempo. También es un indicio de que ya se practicaba la agricultura de regadío.

Restos del acueducto que cruzaba el primer recinto.

Los habitantes de Los Millares necesitaron desarrollar sístemas y técnicas para captar, trasnportar y almacenar el agua para el consumo humano y el ganado. Desde las primeras investigaciones de L. Siret se plantea la existencia de una conducción hidráulica que traía agua desde un manantial próximo por una red de canales hasta llegar a una cisterna en la ciudadela. Estos canales o acequias con muchos tramos de tierra han desaparecido, pero aún quedan estructuras de mamposteria visibles que corresponden a los tramos que salvaban desniveles del terreno, como es el caso del tramo conservado.

Recreación de la conducción hidráulica mediante Realidad Aumentada.

Alcanzamos segunda línea, la «Muralla II«, que se alza tras la vaguada natural que forma el terreno. Esta muralla funcionó todo el periodo de ocupación del enclave (casi mil años), tiempo que le ha configurado una gran complejidad constructiva a lo largo de tres grandes fases de construcción. La muralla inicial se asienta directamente sobre la roca con refuerzos por el exterior; la segunda fase donde se superpone parte de la muralla con un foso dispuesto en la parte delantera; y una tercera fase y más reciente, donde se hace un replanteamiento de la muralla con el desplazamiento de la puerta hacia el norte, formando un estrecho pasillo y además en su zona central se sitúa el canal de conducción del agua.

Las Cabañas

El segundo recinto presenta en su interior un área urbana formada por varias fases constructivas, con cabañas medianas desde 2,5 m. de diámetro en la primera fase mientras que en las fases posteriores del Cobre Pleno algunas cabañas alcanzan hasta 7 m. Tenían las paredes de barro y cañizo sobre zócales de mampostería y las cubiertas posiblemente cónicas, de ramaje revestido de barro apoyadas en pequeños postes de madera. Su interior era diáfano sin compartimentos pero con una clara organización espacial para los hogares, bancos, almacenaje y estructuras de molienda.

Pasamos a la tercera línea de fortificación, la «Muralla III«, que estuvo poco tiempo en uso y su trazado es muy sencillo, pero terminó siendo desmantelada en una restructuración del espacio para ser ocupado por viviendas pequeñas cuyos zócales se conservan parcialmente. En su interior se localizan varias edificaciones de carácter singular, un gran edificio público rectangular y varios edificios para actividades metalúrgicas.

Edificio rectangular

En la parte central de la zona definida por la Muralla III se ven los cimientos de un gran edificio de planta rectangular con patio central y estancias adosadas a su paramento sur. Siret lo documentó de la época del cobre dada la tipología arquitectónica, interpretado como espacio público, destinado a funciones de palacio-templo y almacén. Los recientes trabajos en curso han ampliado las áreas excavadas y documentado nuevas estructuras.

Planta y recreación de edificio singular, posible palacio-almacén.

Taller metalúrgico

Seguimos adelante y tras la tercera línea de muralla, encontramos adosado otro singular edificio de planta rectangular destinado a taller metalúrgico, datado al menos entre 2900-2550 a.C. El edificio posee varias fases de ocupación, en la más reciente y expuesta al público, se constató la presencia de un horno excavado en el subsuelo delimitado por una anillo de barro, dos fosas al fondo que contenían restos de escorias y un enlosado de piedras de pizarra. Durante la excavación aparecieron numerosos restos de cobre adheridos al horno, el suelo y la estructura de piedra.

No es el único del yacimiento, son tres, dos de ellos conocidos como «los talleres» por tener horno. Se trata de uno de los pocos yacimientos documentados en toda la Península Ibérica con una estructura especializada en metalurgía y que nos viene a confirmar que no fueron los fenicios quienes trajeron estos tipos de edificios.

Recreación del taller mediante Realidad Aumentada.

La Ciudadela

La cuarta muralla contiene la conocida como «Ciudadela«, bordeando la meseta más interna del espolón donde se sitúa el poblado. Se trata de una zona fortificada al sur de la cual se localiza una gran depresión oval, interpretada por Siret como una cisterna, que se encuentra en proceso de excavación y no es accesible para el público. Asimismo, se ha avanzado en su estudio y es probable que el acueducto llegara antiguamente hasta allí, la zona central y más protegida del poblado, trayéndo el agua desde unas fuentes ubicadas cerca de Alhama de Almería. Los primeros análisis apuntan a varios momentos de uso, reflejados en una secuencia de estratos limoarcillosos que los estudios sedimentológicos deberán interpretar. Estos análisis permitirán determinar el tipo de agua que abastecía la estructura, su composición y temperatura, así como obtener datos climáticos del periodo en el que estuvo en funcionamiento.

En el interior de la muralla se registra la secuencia estratigráfica más completa del yacimiento, que cubre un amplio periodo de tiempo a lo largo de un milenio (aproximadamente entre el 3200 y 2250 a.C.). En la Cabaña 95 se ha documentado una producción masiva de cerámica de estilo Campaniforme durante la Edad del Cobre Tardío.

Llegado a este estremo del yacimiento al borde de la meseta, la panorámica es espectacular desde la altura con las vistas del valle del río Andarax y la confluencia con la rambla de Huéchar, un sitio ideal para hacernos una foto del grupo.

Grupo de Athenáa en la Ciudadela con vistas al valle del Andarax.

Hemos terminado nuestro itinerario guiado por el enclave arqueológico de Los Millares, y en el camino de vuelta hacemos una parada en el primer recinto para visitar la tumba reconstruida y disfrutar de la experiencia de conocer un tholos por dentro.

Tumba reconstruida (Tholos)

Los tholos son enterramientos colectivos de diferentes dimensiones que se asemejan mucho, aunque a una escala menor, a los conocidos dólmenes  (Antequera, Soto…), es decir, cuentan con un pasillo o corredor que los comunica con una sala circular donde se encuentran los restos funerarios y los ajuares. Dicha sala se cubre con una «falsa cúpula» elaborada con gran maestría. El nombre de «tholos» viene por su semejanza con los «tholos» micénicos  de Grecia que, aunque más llamativos por su tamaño, son de época posterior.

Maqueta de tholos, Los Millares – Foto de Jose Mª Yuste

En la necrópolis de Los Millares hay unas 80 tumbas colectivas, en los años 50 se reconstruyeron dos tumbas que inicialmente se encontraban a las afueras del poblado, pero al edificarse la Muralla I, la nº 17/I se quedó en intramuros. Es un prototipo de sepultura de Los Millares, una cámara circular con zócalo de lajas de pizarra, cubierta de falsa cúpula y con un corredor de acceso que está segmentado en tres tramos por puertas circulares abiertas sobre losas de pizarra.

Tumba nº 17/I reconstruida junto a la Muralla I.

– ENTRADA AL INTERIOR DEL THOLOS –

Sobre el autor: Athenaa (fgo)

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