Viaje de A.C. Athenáa a la Bética Romana: Monturque, yacimiento de Fuente Álamo en Puente Genil y Écija.

Viaje realizado y organizado por la Asociación C. Athenáa los pasados días 14 y 15 de marzo/26 a las poblaciones cordobesas de Monturque y el conjunto arqueológico de la Villa Romana de Fuente Álamo en Puente Genil, y la localidad sevillana de Écija, conocida como «la ciudad de las torres».

Nuestra primera etapa del viaje visitamos la localidad histórica de Monturque (Córdoba), con un amplio legado romano.

MONTURQUE

Municipio situado en plena Campiña Sur de Córdoba, destaca su posición elevada (376 msnm) sobre un cerro que permitía una visión panorámica inmejorable para controlar el territorio, en una zona con un terreno de gran riqueza agrícola rodeada de olivos, cereales y viñedos. Según el Centro Nacional de Información Geográfica, el municipio es el centro geográfico de Andalucía. Monturque es el derivado de un topónimo mozárabe con el significado de «monte de roca».

Llegamos a Monturque en una mañana fresca y con pronóstico de llovizna, el autobús nos ha dejado en la entrada al pueblo por la calle de Moriles frente al Puesto de la Guardia Civil.

LLegada del grupo de Athenáa a la población cordobesa de Monturque.

Tomamos la dirección de calle de Moriles y su continuación como calle Santo Cristo en dirección al centro de la población, donde nos recibió la sencilla fachada de la ermita homónima, una iglesia de gran antigüedad (s. XVI) que preside esta vía.

Calle Santo Cristo de Monturque.

Desde la calle Santo Cristo hemos alcanzado la Plaza de la Constitución, sede del Ayuntamiento. En este punto neurálgico, nuestra guía nos dio la bienvenida y nos hizo una pequeña introducción sobre la historia de esta villa cordobesa y lo que vamos a ver a continuación.

Nuestra primera parada técnica fue el Museo Histórico Local de Monturque.

MUSEO HISTÓRICO LOCAL

Creado en 1997, es una institución de titularidad pública situada en la zona alta en el Paseo de San Mateo y que también alberga la Oficina de Turismo. Este museo es una pieza clave para entender el pasado de la villa, ya que alberga hallazgos procedentes de las diversas excavaciones arqueológicas realizadas en el municipio, actuando como eje dinamizador para comprender los yacimientos que visitaríamos a continuación. Debido a la riqueza de los vestigios que custodia, se considera uno de los puntos de mayor interés histórico dentro de la provincia de Córdoba.

El museo organiza sus fondos en áreas que abarcan desde la Paleontología y la Prehistoria hasta la Cultura Ibérica, la Edad Media y la Cultura Islámica, mediante paneles informativos y vitrinas.

Sala principal del Museo Histórico Local de Monturque.

Las excavaciones arqueológicas realizadas de forma sistemática en el recinto interior del castillo de Monturque en la década de los 80 por el profesor López Palomo, pusieron de manifiesto que los orígenes del primer asentamiento humano en el cerro del pueblo se remontan a los años finales del tercer milenio a.C., en la época prehistórica conocida como Calcolítico o Edad del Cobre. Correspondía este primer asentamiento, al parecer, a unas comunidades agro-ganaderas, con una residual actividad cinegética, que fijaron aquí su residencia, formando una especie de poblado con cabañas circulares con zócalo de piedra sobre el cual se levantarían las paredes de adobe y ramaje trabado con barro. En esta sección se pueden contemplar las primeras herramientas creadas con elementos líticos tallados y piedras pulimentadas, puntas de flecha y brazaletes de cazador, molino de mano y elementos de hoz, telares y adornos personales, y cerámicas de utillaje.

Sección de Palentología y Prehistoria.

A esta fase inicial de ocupación se superpuso un poblamiento de plena Edad del Bronce, que se desarrolló entre el segundo y el primer milenio a.C. Posteriormente, se dio una ocupación ininterrumpida del lugar hasta llegar a la Cultura Ibérica, con la característica existencia en ese período de un poblado con una situación totalmente estratégica en lo alto de un cerro-testigo, con su acrópolis, sus murallas defensivas, sus escarpes, y un río discurriendo por su falda que le serviría como especie de foso. La llegada de pueblos del Mediterráneo desde principios de I milenio a.C. con el denominado período orientalizante (siglos VIII-VI a.C.) apenas ha dejado huellas en la localidad, y son muy pocos los restos de esta época, destacando algunos fragmentos de cerámica de importación griega y de la característica cerámica ibérica, decorada con bandas de tonos rojizos.

Vitrina en la sección de la Edad de Bronce y Cultura Ibérica.

De todas las etapas representadas, la Cultura Romana es la mejor documentada materialmente, lo que refleja la importancia de Monturque durante el periodo de la Bética.

Durante la dominación romana la población debió alcanzar gran importancia, como lo atestigua la gran cantidad de restos arqueológicos encontrados en todo el término municipal y las edificaciones de aquella época que todavía se conservan, lo que avala la hipótesis de la existencia en Monturque y sus alrededores de un prominente y numeroso asentamiento humano. Desde su ubicación se controlaba el cruce de la importante Vía Anticaria, con las procedentes de Iponuba (Baena), Ucubi (Espejo) y Ategua (Santa Cruz). Sin embargo, aún no ha sido posible determinar cuál fue su verdadero nombre durante ese período, habiéndose identificado con diferentes ciudades como: MERUERA, TUCCI-VETUS, SPALIS, SORICARIA, e incluso algunos historiadores la consideran como la propia MUNDA romana, pero por el momento no pasan de ser meras conjeturas.

En el Museo podemos contemplar algunos elementos constructivos entre los que sobresales basas, columnas, capiteles; así como la reconstrucción de un pavimento de opus spicatum, y como elemento central una maqueta con la recreación de Monturque en el siglo I d.C. con el foro romano incluyendo la cisternas romanas, el criptopórtico, la basílica y elementos urbanos que reflejan la presencia de espacios para recoger el agua (impluvia).

Vitrina de la sección romana con la maqueta recreativa de Monturque del s. I d.C..

Otro ámbito importante es el que nos acerca al mundo funerario y religioso, a través de diversos ajuares y objetos de cultos de carácter doméstico, entre los que se encuentran un tondo que representa a Marte y dos epígrafes dedicados a Júpiter y Mercurio. En la última vitrina dedicada a este período alberga otros elementos de la cultura material romana: cerámica de diversas épocas y estilos, agujas y un stylum de hueso, lucernas, monedas y una curiosa colección de fichas de juego.

Vitrina con diversos materiales de la cultura romana.
Replica del busto-hermes doble.

De entre los vestigios de época romana encontrados en el actual término municipal, destaca el busto-hermes doble, procedente de una finca próxima a «El Cañuelo» que se conserva en el Museo Arqueológico de Córdoba, ocupando su replica un lugar privilegiado en el museo local. Se trata de una escultura realizada en mármol de pequeñas dimensiones (13,8 cm de altura y 11 cm de anchura) de dos cabezas dobles opuestas y unidas por la nuca, por un lado la cabeza de Júpiter-Ammon, y por la otra una cabeza juvenil imberbe, cuya identificación resulta problemática, podría tratarse de Dionysos. Esta obra está fechada entre el siglo I y la primera mitad del siglo II d.C..

La población musulmana de Al-Alandus en Monturque estuvo instalada sobre un anterior asentamiento romano y compuesta, al menos desde la época de los Omeyas, por diversas tribus beréberes que residieron en el lugar hasta el siglo XIII. Se sitúa en Monturque el lugar donde el Cid Campeador, al frente de las tropas del rey moro sevillano al-Mu´tamid, derrotó allá por el año 1079 a las del rey moro de Granada, encabezadas por otros cuatro caballeros castellanos. Según la tradición, los parajes existentes en su término municipal conocidos como «La Piedra del Cid» y «Cid-Toledo», deben su nombre a esta sonada victoria. Los restos materiales de época islámica y del edad media se reducen exclusivamente a restos de cerámica post- califal, candiles, un curioso silbato en forma de caballito, y vajilla doméstica.

Sección dedicada al Al-Andalus con vitrinas de elementos cerámicos.

Tras su reconquista, en torno a 1240, recibió el nombre de Monturqueto y el mismo fuero real de Córdoba. En 1340, por su aportación humana a la batalla del Salado, recibió de Alfonso XI el privilegio de libre peaje por todos los caminos de Castilla y el dictado de Lealtad. En 1353 Pedro «El Cruel» dio el castillo a don Martín López de Córdoba. En 1377 fue Enrique II el que lo donó a don Gonzalo Fernández de Córdoba quedando agregado a Aguilar. Fue poblado en 1455 y más tarde se establecieron familias de Lucena, Montilla y otras poblaciones.

La villa fue parte integrante del Marquesado de Priego, fundado por concesión de los Reyes Católicos en 1501. En 1709 pasó a depender de la Casa Ducal de Medinaceli, por unión de ambos linajes. A lo largo de esos años, Monturque terminaría por consolidarse definitivamente como municipio. La terrible epidemia de peste de 1681 supuso la desaparición de una quinta parte de sus efectivos humanos. En la guerra de Sucesión fue leal a Felipe V, por lo que el rey le concedió en 1717 el título de Fiel (dictado de Lealtad). También se distinguió en las guerrillas cordobesas contra los franceses.

Ya a principios del siglo XX, merece mención la formación de la asociación «El Porvenir«, que aglutinó a los artesanos o el pujante movimiento sindical obrero que se vivió en Monturque en aquellas fechas, y que alcanzó su momento más álgido con las huelgas campesinas de los años 1918 y 1919. Con el inmediato triunfo de los elementos afines al levantamiento militar en 1936, se inició una represión de las fuerzas sociales más activas y de todas aquellas personas alineadas con el bando republicano. En las décadas de los cincuenta y sesenta, la villa sufrió las consecuencias de una importante emigración, dirigida fundamentalmente hacia la capital de la provincia, a Madrid y hacia Cataluña. Este despoblamiento se vio en parte mitigada en los siguientes años con la llegada de algunas familias procedentes de los terrenos afectados por la construcción del pantano de Iznájar, habiendo comenzado en la actualidad un lento y esperanzador crecimiento, tanto a nivel social como de desarrollo económico.

El museo no es solo un depósito de piezas, sino que funciona como un elemento dinamizador para comprender mejor los monumentos del conjunto histórico, como las Cisternas Romanas, el Castillo y el Yacimiento de Los Paseíllos, que vamos a ver a continuación.

Desde el museo nos dirigimos al colindante Cementerio municipal del municipio de Monturque también conocido como Cementerio de San Rafael.

CEMENTERIO DE SAN RAFAEL

Entrada al cementerio en la calle Paseo de San Mateo junto al Museo Local.

La guía nos explicó la relevancia internacional de este cementerio, al estar integrado en la Ruta Europea de Cementerios, un itinerario cultural que comparte con ciudades como Londres o Berlín (la Ruta Europea de Cementerios, un Itinerario Cultural del Consejo de Europa del que forman parte 63 cementerios en 50 ciudades de 20 países de Europa y que pretenden mostrar estos espacios como grandes museos al aire libre).

Se encuentra situado entre la Parroquia de San Mateo y el Museo Histórico Local, en la parte más alta del cerro sobre el que se asienta la población. Ocupa lo que sería la plaza del foro de la ciudad romana existente en Monturque, constituyendo esta zona la de mayor monumentalidad de la población.

Maqueta del foro en el Museo Local con la ubicación de las cisternas romanas.

El Cementerio de San Rafael responde a la arquitectura popular andaluza, con nichos encalados en torno a un patio central. Su fisonomía actual se debe a una ampliación motivada por una epidemia en 1885, obra que permitió el hallazgo fortuito de las Cisternas romanas. Desde su interior se tiene acceso a las cisternas a través de una caseta donde se encuentra la escalera que baja al subsuelo. Es el único cementerio de España que contiene en su interior una zona arqueológica declarada Bien de Interés Cultural. Los respiraderos que se instalaron para la ventilación de las cisternas se asoman en forma de chimeneas por el suelo del cementerio, dándole un original aspecto.

Interior de cementerio con las chimenas y la caseta de escaleras de acceso a las Cisternas romanas.

Ante la imposibilidad de crear nuevas zonas de nichos por el riesgo de generar daños sobre las Cisternas romanas, fue clausurado a comienzos del año 2007 y se edificó un cementerio nuevo a las afueras de la localidad, el Cementerio de San José, en el paraje conocido como «El Cañuelo», junto a la autovía A-45 Córdoba-Málaga. En el mes de noviembre, coincidiendo con la festividad de Todos los Santos, tiene lugar la celebración de las jornadas Mundamortis, las únicas que se realizan en España dedicadas a la muerte, el turismo y los cementerios, siendo Monturque pionero en el desarrollo del denominado necroturismo o turismo de cementerios.

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CISTERNAS ROMANAS

Grupo de Athenáa en la cámara de acceso a las Cisternas.

Descendemos entonces al subsuelo del cementerio para descubrir las Cisternas Romanas, una de las obras de ingeniería hidráulica más importantes de la Península Ibérica, se trata de las cisternas romanas más grandes de España y las cuartas del mundo. Nos impresionó recorrer sus doce cámaras abovedadas distribuidas en tres calles paralelas, un sistema de decantación y almacenamiento de agua del siglo I d.C. que se conserva en un estado excepcional. En el año 2006 se ha llevó a cabo una importante intervención de musealización y puesta en valor de este monumento, convirtiéndolo en un centro de interpretación sobre los usos del agua durante la época romana.

Se trata de una obra de gran monumentalidad y significación, clara manifestación de una forma de vida altamente urbanizada, que tendería fundamentalmente a la recaudación y almacenamiento del agua de lluvia recogidas en la plaza del foro, con una capacidad de unos 850.000 litros y 300 m2. Servían para potabilizar el agua mediante la sedimentación de impurezas, que se acumulaban como fango en el fondo para su posterior limpieza, y una vez tratada y decantada, se distribuía hacia las termas públicas y otros puntos de consumo mediante la infraestructura de tuberías y canales de la antigua ciudad.

Posee planta rectangular, conformada por tres naves o galerías paralelas, orientadas en sentido N-S, separadas por gruesos muros y cubiertas con bóvedas de medio cañón. Cada una de estas naves se divide en cuatro cámaras o compartimentos, de planta igualmente rectangular, comunicados entre sí mediante pequeñas puertas, rematadas por arcos de medio punto.

Panel con plano de la planta y alzado de las Cisternas Romanas de Monturque.

En la bóveda de cada uno de los compartimentos citados se abrieron una serie de óculos circulares, a modo de tragaluces, para dotar de ventilación a la cisterna, hoy ensanchados para instalar las chimeneas. De igual forma se abrieron otros óculos encima de cada una de las puertas que comunican los compartimentos entre sí, y en la parte superior de los muros divisorios de las galerías, poniendo igualmente éstas en comunicación. Estos orificios suscitaron en el grupo un interrogante sobre su funcionalidad, y la guía nos invitó a buscar la respuesta, además de hacernos el ruego de si logramos su resolución que le hagamos participe de la conclusión.

Folleto turismo MHL

Esta Gran Cisterna está realizada, toda ella, en «opus caementicium», y revestida interiormente con «opus signinum» impermeabilizante. Se conservan en las bóvedas las huellas de las cimbras de madera utilizadas como armazón para el fraguado del hormigón. En todas las uniones de las paredes con el suelo aparecen las características medias cañas o cordones hidráulicos, que tienen como finalidad no dejar ángulos vivos para evitar la acumulación de suciedad y facilitar la limpieza. Presenta diversas grietas que se estiman fueron fruto del terremoto de 1755, de Lisboa cuyos efectos se sintieron con notable fuerza en la provincia como datan las actas mandada realizar por el Cabildo.

No conocemos donde se encontraba el acceso al interior de esta cisterna, aunque es posible que estuviese aproximadamente en el mismo sitio por donde se penetra en ella en la actualidad. Por otro lado, parece ser que la entrada del agua se efectuaba por la parte lateral de la bóveda del segundo compartimento de la galería Este, a través de una conducción de sección cuadrada.

Del extremo norte de una de las naves, la situada al Este, parte una estrecha galería de prolongación con trayectoria quebrada de unos 30 m. de longitud, que se encuentra cubierta con bóveda de medio cañón, faltando en algunos tramos, y reforzada a intervalos de 3 m. por entibos con vanos rematados por arcos de medio punto y óculos situados sobre ellos. Su pavimento presenta una clara inclinación en dirección a una especie de pozo cuadrangular, en el cual desemboca, lo que nos lleva a deducir que esta galería cumplía funciones de desagüe de la cisterna.

Arranque de la galeria del canal de desagüe de las cisternas.

Durante una época se empleó como osario, como lo determinan  los rebajes que se hicieron en los muros para soportar los pequeños nichos, así como la pintura de las paredes, y la guía también nos comenta que una mancha negra sobre una de las bóvedas se debe a un incendio que se provocó para eliminar una colonia de murciélagos.

Siguiendo esta línea de desagüe pasamos a un espacio donde se encuentran las termas romanas que están estrechamente vinculadas al yacimiento arqueológico de Los Paseíllos, pero que no son visitables. Se han identificado como el nivel inferior o sótano de un complejo termal, donde se han hallado hornos para calentar salas, una piscina y una galería de abastecimiento de agua.

Panel con reconstrucción ideal de las termas romanas. (MHL)

Al salir a la superficie, disfrutamos del Mirador de los Paseíllos, un balcón natural que nos ofreció una panorámica espectacular de la Campiña cordobesa y las Sierras Subbéticas.

El yacimiento arqueológico de Los Paseíllos y su Mirador.

Dentro del Yacimiento Arqueológico de Los Paseíllos nos encontramos con el Criptopórtico Romano, una estructura subterránea que servía para nivelar el terreno accidentado del foro y sustentar un gran edificio público superior que tendría un carácter más noble y lujoso, probablemente la basílica.

Dividido en dos naves por una alineación de pilares centrales que servían de apoyo a grandes arcos con dovelas y cubiertas por bóvedas. El muro exterior se encuentra reforzado por una serie de contrafuertes que aportan solidez al conjunto. Al ser un recinto oscuro proporcionaba temperaturas frescas y moderadas, funcionando además como almacén de grano, aceite o vino.

Interior del Criptopórtico con los pilares centrales.

Además de la Gran Cisterna de carácter público, se conservan en Monturque al menos otras ocho cisternas más de época romana que en su mayoría pertenecían a viviendas privadas. De pequeño tamaño y características similares entre sí, construidas en «opus caementicium» con revestimiento de «opus signinum» con planta rectangular, y cubiertas con una bóveda de medio cañón. Todo este conjunto no estaba organizado y distribuido en el terreno de manera arbitraria, sino ordenada, acorde con una cuidada planificación urbanística de la ciudad.

Para finalizar la visita, nos dirigimos al Castillo de Monturque en la calle Rafael de Lara, una fortaleza de origen hispanomusulmán ubicada sobre un cerro testigo de caliza de unos 395 metros de altitud que la hace visible desde larga distancia.

CASTILLO DE MONTURQUE

Panel con plano de la fortaleza.

Declarado como Bien de Interés Cultural desde 1985 en la modalidad de Monumento. Se encuentra construido parcialmente sobre cimentación romana y reedificada en la Baja Edad Media. De los restos que han llegado a la actualidad permiten adivinar un trazado rectangular constituido por tres muros con marcas de cantero que estaban reforzadas con tres torres, de las que pueden visitarse la Torre del Homenaje y la Torre Pentagonal o Torre Chacón. De otra torre de sillarejo de época Omeya solo quedan los cimientos que, junto con los vestigios de un muro de tapial han sido considerados como los restos más antiguos de toda la fortaleza. En el interior se localizan vestigios ibéricos y una cisterna romana de forma de bañera, excavada en la tierra y posee mampuestos adosados y enlucido impermeabilizante, que fue reutilizada como cisterna del castillo.

Torre Chacón (WP)

La Torre Pentagonal o Torre Chacón de finales del s. XV, situada en el ángulo este del Patio de Armas y da por una parte a la calle Séneca, se accede a ella a través de una puerta con vano alargado. Construida con sillares, presenta bóveda de medio cañón de ladrillo y resaltadas saeteras localizadas en los muros. Esta torre defensiva destaca por su planta en forma de proa, siendo la única con planta pentagonal conocida en la provincia de Córdoba. Su diseño avanzado permitía una defensa activa, eliminando ángulos muertos hacia el exterior que servía para desviar el impacto de los proyectiles enemigos, así como mejorar el campo de tiro de los defensores desde las saeteras.

La Torre del Homenaje

La Torre del Homenaje

Esta Torre está documentada al menos desde el año 1273, hoy restaurada, está situada en el centro del Patio de Armas. De sección cuadrada construida con mampostería reforzada en sus aristas con sillería. Está rematada por un matacán apoyado en ménsulas que recuerda a otras de finales del siglo XV.

Tiene dos únicas aberturas, situadas en la cara Norte. La más baja, con arco ojival restaurado, corresponde a la entrada actual a la torre a la que se accede por una escalera metálica que da a unos escalones de piedra que conducen a la puerta de acceso. La otra abertura, situada a media altura de la torre y también con arco ojival y sillares originales, era la puerta de entrada primitiva convertida hoy en una ventana.

El interior se compone de dos salas rehabilitadas cubiertas con bóvedas de ladrillo por aproximación de hileras, comunicadas por una escalera. De la planta superior sale otra escalera que conduce a la terraza desde la que se puede contemplar una panorámica de la campiña. Dentro de su sobriedad, esta Torre del Homenaje era la mejor acondicionada para albergar a sus huéspedes que, probablemente, sólo pasarían aquí estancias cortas, pues no está adaptada para alojamiento con carácter permanente. Aún así es posible que sirviera de residencia al alcaide de la Villa.

Antigua foto de la Torre del Homenaje cuando aún existía una vivienda adosada a la misma y aún no se habían iniciado las posteriores excavaciones arqueológicas. (Archivo Fotográfico de la Diputación de Córdoba).

La guía nos propone descubrir porqué también es conocida como la “Torre de los Susurros”, comprobando como en la primera planta se puede experimentar el efecto de la «galería de los susurros», desde un vértice de la sala se puede escuchar lo que se susurra en el vértice opuesto. Este efecto acústico ocurre cuando el sonido viaja a lo largo de una superficie curva (como una bóveda o cúpula) sin dispersarse, manteniendo el sonido pegado a la estructura. También la guía aludió a este ambiente de «embrujo» y misterio que envuelve a la fortaleza cuando se realizan representaciones teatrales y espectáculos de fuego en las jornadas medievales.

Desde la segunda planta se sube por una escalera estrecha para alcanzar la terraza. Desde lo alto de la fortaleza se disfruta de amplias vistas de la Campiña Sur Cordobesa, divisándose la ribera del río Cabra, las Sierras Subbéticas y una gran cantidad de pueblos cercanos.

Desde esta atalaya que es el punto más elevado de la silueta (skyline) de este «cerro testigo» sobre el que se asienta la población, cerramos una crónica inolvidable por el patrimonio de Monturque.

Vistas del patio de armas desde la puerta de acceso a la Torre del Homenaje.

Toca reponer fuerzas y lo hacemos en un lugar de referencia de Puente Genil, el Restaurante Mezquita 21, al que agradecemos por su hospitalidad, dedicación, y el hermoso detalle tradicional que tuvieron con Athenáa por hacerla depositaria de una parte esencial del alma pontanense cuaresmal. No solo disfrutamos de una comida excelente, sino que el regalo nos hizo sentir la calidez de su cultura. ¡Un gesto inolvidable!».

Nuestro siguiente destino nos lleva al paraje conocido como Los Arenales, cerca de Puente Genil, para visitar el yacimiento arqueológico de la Villa Romana de Fuente Álamo.

FUENTE ÁLAMO

El yacimiento arqueológico se localiza a 3 kilómetros de la antigua ciudad romana de Tarsy (Puente Genil-Córdoba), en dirección a la aldea de los Arenales. Cuenta con una superficie de unos 17.000 m2, de los cuales la zona excavada abarca 4.000 m2 y la parte cubierta 2.500 m2. fue declarado Bien de Interés Cultural, con la categoría de Zona Arqueológica, en julio de 2005.

Destaca especialmente por su espectacular conjunto musivario. La gran calidad de sus numerosos mosaicos, unida a las dimensiones del yacimiento, nos revela que se trata de una villa perteneciente a un miembro de la élite dominante, con un alto poder adquisitivo y gran prestigio social. Las evidencias arqueológicas muestran que la villa estuvo destinada a la elaboración de aceite, cuyo destino principal fue Roma. El cultivo del olivo y la producción de aceite ha sido una constante en este lugar a lo largo de sus más de dos mil años de historia. Este fue uno de los muchos establecimientos rurales que señorean todo el campo de la Bética en la Hispania.

Ha sido objeto de múltiples intervenciones de urgencia, campañas de investigación, labores de conservación y proyectos de recuperación, destacando trabajos importantes a partir del año 2001. Representa una joya romana única en España por su buen estado de conservación, aportando incluso importantes datos a la historia del mundo Hispanorromano.

Es testigo de tres épocas diferentes con construcciones de distinto uso que lo avalan; las termas romanas en primer lugar, la villa romana en segundo y en tercer lugar la califal con una almazara (de viga) y una necrópolis del siglo X.

YACIMIENTO FUENTE ÁLAMO

En la misma puerta del yacimiento junto a la zona del aparcamiento y fuera de la zona vallada, ya nos encontramos los primeros restos visibles y puestos en valor, se trata de un edificio de grandes dimensiones donde se descubrió en una de sus habitaciones un pequeño tesoro escondido, compuesto por 200 monedas de los siglos IV y V d.C.

Restos de un edificio donde se localizarón 200 monedas romanas.
Entrada al yacimiento de Fuente Álamo.

Dentro del recinto del yacimiento pasamos al patio del Centro de Visitantes, un edificio que se integra totalmente con el entorno agrícola. Una construcción a semejanza de lo que ha sido la Villa Romana de Fuente Álamo, lugar agrícola y a la vez casa señorial de sus moradores, y que presenta gran similitud con los cortijos y a las haciendas andaluzas. Dispone de múltiples dependencias, siendo las más significativas: la recepción, las salas de exposiciones y de proyecciones, un taller de restauración, tienda, aseos y un amplio patio central que enlaza y da luz a todos los espacios.

Patio del edificio de Recepción de Visitantes de Fuente Álamo.

En la recepción del Centro de Visitantes el guía nos da la bienvenida, agradeciendo nuestra visita para a continuación informarnos sobre el yacimiento y el itinerario que vamos a seguir, invitándonos a pasar a la sala de proyecciones para visualizar un video a modo de introducción sobre la historia y la arqueología de Fuente Álamo, no sin antes aprovechar y poder adquirir en la tienda algún souvenir.

El guía del yacimiento en la sala de recepción recibiendo al grupo Athenáa.

Una vez visualizado el video sobre la historia y arqueológica de Fuente Álamo, nos dirigimos al yacimiento para visitar y conocer in situ los restos de la villa romana.

Zona cubierta del yacimiento con los restos de la villa romana.

En primer lugar, el guía nos dirige a la zona central del yacimiento en el margen derecho del arroyo, donde podemos comprobar parte de las estructuras del balneario que han sido descubiertas debajo de la villa romana.

El Balneario

En el siglo I d.C. los veteranos de las legiones recién licenciados de la Batalla de Munda, son premiados con grandes extensiones de tierras bañadas por el río Singilies (río Genil) en la antigua ciudad de Tarsy (Puente Genil). A las afueras de Singilis sobre un bosque atravesado por un bravo arroyo levantaron un balneario público con ayuda de las comunidades indígenas (íberos). Un recinto público destinado al ocio y a la higiene personal donde los nuevos habitantes de estas tierras y viajantes pudieron disfrutar de él con usos bien variados: deportes, baños con masajes e, incluso, lugar de reuniones con fines sociales y comerciales.

El Balneario es un conjunto de edificios con varias salas para el baño, el ocio y el descanso, con grandes estanques, algunos de planta curva, que utilizaban las aguas del arroyo, probablemente consideradas salutíferas por los romanos. Mosaicos policromos (de varios colores) formando dibujos geométricos, pinturas, restos escultóricos… nos hablan de un complejo excepcional por su ubicación en un ambiente rural, probablemente vinculado a su situación estratégica en una encrucijada de caminos, y que fueron utilizados por gentes de poco poder adquisitivo hasta el siglo II d.C.

Restos del balneario bajo la villa romana: zona de agua fría con piscina circular.

Se construyó un estanque circular con 16 metros de diámetro, único en ambiente rural de toda la Península Ibérica. A lo largo de todo su perímetro porticado de columnas presentaba una zona escalonada, lo que permitía a los bañistas disfrutar de las aguas frías sentados sobre él e invitando a charlas entre ellos sin la necesidad de una inmersión completa. Debido a su gran tamaño, tuvo que invadir el espacio natural del propio arroyo.

Recreación de piscina circular o de agua fría (Ayto. Puente Genil-Fuente Álamo).

También estaba la natatio (piscina), una gran estructura rectangular, con ábside en su cabecera y al descubierto, diseñada para que los bañistas pudieran practicar la natación. Este elemento originario del balneum quedaría cubierta en parte por una galería pavimentada con lujosos mosaicos cuando se construye la villa en su siguiente etapa.

Sala de zona fría con mosaico de figuras geométricas junto la piscina circular.

Las aguas del arroyo que en un principio habían justificado la construcción del balneario, arremetieron con tanta fuerza contras las obras que, un siglo después de su inauguración, las canalizaciones, contrafuertes y demás barreras de contención, resultaron insuficientes para controlar las avenidas de unas aguas imparables. El destino final del balneario no sería otro que el de su práctica destrucción y el consiguiente abandono.

Cauce del arroyo que parte el yacimiento en dos zonas.

Muchas de las estructuras originales del balneum son reutilizadas como estancias de la villa, ampliando aquellas consideradas necesarias y construyendo otras nuevas sobre las mismas, como iremos encontrándonos a lo largo del recorrido por el yacimiento.

Croquis margen derecha del arroyo de Fuente Álamo (fuentealamovillaromana.com) (extracto)

La mayor parte de lo que hoy se puede observar en el yacimiento, corresponde a una villa señorial de los siglos IV y V d.C. La zona noble y residencial la cual fue edificada sobre las estructuras anteriores. En esta época, una villa no representaba únicamente una vivienda, sino que era un símbolo del poder económico y la posición social de su propietario, el dominus. Para demostrar este estatus, los dueños decoraron los suelos con lujosos mosaicos que adornaban diversas estancias.

La zona de la Pars Urbana

El yacimiento de la villa está distribuida en dos residencias señoriales separadas por el arroyo, cuya utilización tenía como destino el verano o el invierno. La que está en el margen derecho del arroyo tenía unos cuatrocientos metros cuadrados y una parte está construida sobre el frigidarium (aguas frías) de las termas, y en el margen izquierdo (al sur) los baños de invierno con las aguas templadas (tepidarium) y calientes (caldarium). Ambas orillas estaban recorridas por dos pasillos decorados por mosaicos de composición geométrica, y unidas por una galeria puente de más de cinco metros de ancho y treinta y ocho de largo, cuyo pavimento eran también mosaicos geométricos. Del puente sólo se conservan los comienzos a cada lado, pues la parte central está desaparecida.

Recreación 3D villa de Fuente Álamo del siglo IV y V d.c. (Ayto. Puente Genil-Fuente Álamo).

Nos encontramos en el margen derecho del arroyo en la zona de los dormitorios señoriales, donde el dueño decoró los suelos de diversa estancias de la villa con lujosos mosaicos para muestra de su estatus, y en primer lugar contemplamos la estancia que expresaba la posición y el prestigio social del dominus, se trata de la sala de recepción principal (Oecus).

Sala de Recepción (Oecus)

El Oecus era la estancia principal de la villa construida para destacar el prestigio y la cultura literaria del dominus. Una gran habitación semicircular destinada a la recepción y acogimiento de los visitantes, y para la celebración de importantes actos sociales como son las reuniones y los banquetes. El habitáculo muestra dos zonas a diferentes niveles de altura, en el nivel superior la cabecera de la habitación en la cual se supone se veneraba alguna estatua de valor religioso, y el resto la habitación propiamente dicha en el nivel inferior.

Recreación sala de recepción o Oecus (Ayto. Puente Genil-Fuente Álamo).

Está construida sobre parte de las estructuras de la zona fría de las termas originales del balneum, y que en parte las aprovecha y reutiliza como material de construcción. Debajo de los mosaicos del oecus se conservan estructuras de la piscina circular y una estancias con mosaico de tipo geométrico.

El Oecus se encuentra decorado con tres mosaicos policromos (de varios colores). La zona del ábside en la cabecera del nivel superior de la sala, se encuentra pavimentada con un mosaico en forma de abanico y rematado con una orla de motivos geométricos y vegetales.

Mosaico polícromo en la cabecera (Recreación de Barba Salvaje)

En el nivel inferior de la sala, se encuentra uno de los más emblemáticos y mejor conservado de la villa, «El Triunfo de Baco». Un interesante mosaico figurativo enmarcado con una orla de motivos geométricos, dividido en dos partes con diferentes momentos de la mitológica vida de Baco (Dios del Vino en Roma y denominado Dionisios en la mitología Griega). Todas las lujosas Villas rurales con contenido báquico en sus mosaicos pertenecían a un elevado estatus social.

Mosaico polícromo «El Triunfo de Baco» (Recreación de Barba Salvaje)

La primera imagen (inferior) más cercana a la entrada, representa al dios del vino (Dionisio/Baco) en una lucha violenta en la batalla de conquista de la India, y en la segunda imagen (superior), lo muestra regresando victorioso con el cortejo triunfal vestido con una clámide sobre un carro tirado por tigres, acompañado por su amada Ariadna. Encabezando el cortejo vemos a Sileno montado en un asno y portando un odre de vino y escoltado por un grupo de sátiros, que algunos creen que el personaje que monta sobre el asno es el dueño de la casa acompañado por su mujer y su hijo que tira del animal. En ambas imágenes Baco aparece con sus típicos atributos, los pámpanos de la vid adornando su cabeza.

En la antesala que por entonces era un pequeño patio de luz que daba paso a dicha sala, se encuentra el otro mosaico emblemático y mejor conservado de la villa, «Las Tres Gracias», se trata de un mosaico también figurativo, el cual reproduce tres escenas mitológicas, la primera es el mítico caballo Pegaso bebiendo agua de manos de una ninfa, la segunda escena también de gran interés mitológico, reproduce a las tres gracias, denominadas de izquierda a derecha Áglae, Eufrosine y Talía, que simbolizan las cualidades de la belleza, el hechizo y la alegría respectivamente, y la tercera representa la persecución entre el Sátiro y la ninfa.

Mosaico policromo «Las Tres Gracias» (Recreación de Barba Salvaje)
Video recreación 3D virtual del Oecus (fuentealamovillaromana.com/realidad-virtual/)
Video recreación 3D virtual del Oecus (fuentealamovillaromana.com/realidad-virtual/)

Continuando por la pasarela del yacimiento, seguimos el pasillo que une las estancias de la zona residencial, y nos encontramos con el siguiente espacio de interés.

Identificada inicialmente como un posible Mitreo (un templo dedicado al culto del dios Mitra), debido a sus características arquitectónicas (elementos rituales como un altar y un receptáculo). Sin embargo, dado el contexto de la época, algunas investigaciones sugieren que pudo tener la función de biblioteca o archivo. La hipótesis de la biblioteca surge por los huecos y nichos hallados en las paredes, ideales para estatuas y almacenaje de rollos o manuscritos, usándose el espacio a modo de sala de estudios para la lectura de correspondencia, archivos familiares y obras literarias. En la Hispania Romana no se encuentra otra sala igual.

Sala de estudios o Biblioteca de la Villa de Fuente Álamo.
Recreación de la Biblioteca (Ayto. Puente Genil-Fuente Álamo).

El guía nos lleva a un espacio habilitado al final de la pasarela en la zona noreste del yacimiento, coincidente con la zona de explotación agrícola (pars rústica) en el patio exterior fuera de la zona residencial (pars urbana), justo enfrente de los restos de la zona de almacenamiento de la producción (pars fructuaria).

La zona de la Pars Fructuaria.

La villa funcionaba además como un centro de producción económica autosuficiente. Contaba con infraestructuras específicas para la explotación de la tierra, como un almacén de tres naves y un interesante granero sobreelevado respecto a la zona de almacenamiento, provisto de conductos de ventilación para airear los productos, una batería de habitaciones para los aperos, recipientes o servir de cocina., prensas para la elaboración de aceite, establos y dependencias para el ganado. Era, en esencia, un centro de control del territorio que permitía al señor alejarse de la vida urbana sin perder su influencia.

Recreación de la zona fructuaria (Ayto. Puente Genil-Fuente Álamo).

Desde este punto nos disponemos a cruzar hacia el sur al margen izquierdo del arroyo donde se encuentran las estancias de invierno. La pasarela habilitada sobre el arroyo coincide con la galería que unía las dos partes de la villa.

Galería principal.

Era una gran galería o vestíbulo de paso al patio principal y las estancias con una distancia de treinta y ocho metros, techado y que se sustentaba sobre un puente hoy desaparecido. Un espacio destinado a impresionar al visitante con un pavimento de mosaicos geométricos, pinturas, ventanas con celosías de madera, esculturas, lámparas y ricos cortinajes.

Recreación de la galeria principal (Ayto. Puente Genil-Fuente Álamo).
Recreación del patio exterior de la villa y la galeria principal (Ayto. Puente Genil-Fuente Álamo).
Croquis galería principal (fuentealamovillaromana.com) (extracto)

De la galería solo nos ha llegado los tramos finales en ambas márgenes.

El arroyo de Fuente Álamo no es un límite natural externo, sino el eje vertebrador de todo el complejo arquitectónico. Mientras que en el margen derecho se localizaba la zona de aguas frías con la zona residencial, noble y de representación social, en la zona izquierda se dispuso originalmente el uso público, lúdico e higiénico de las termas.

Zona Sur: Los baños de invierno y el área de servicios.

Cuando el balneario público se transformó en la lujosa residencia privada del dominus, el uso de los márgenes cambió por completo para reflejar la jerarquía romana. El margen izquierdo en la zona sur pasó a tener un uso más secundario, residencial modesto o de servicios auxiliares para la finca. Perdió gran parte de su monumentalidad original, aunque conservó algunas áreas singulares y estructuras previas como las estructuras de los baños termales públicos iniciales de la Fase I del yacimiento (siglo I d.C.). Se encuentra en un estado de conservación más degradado o «arrasado» en comparación con la opulenta casa señorial ubicada al margen derecho.

Croquis margen izquierdo del arroyo de Fuente Álamo (fuentealamovillaromana.com) (extracto)
Estancias de la zona residencial en el margen izquierdo del arroyo con pasillo distribuidor.
Recreación del pasillo distribuidor del margen izquierdo (Ayto. Puente Genil-Fuente Álamo).

Una de las estancias singulares de la villa en este margen, es una habitación subterránea donde poder disponer de un espacio fresco para las épocas estivales. La estancia está dividida en dos dos espacios y conserva la escalera de acceso.

Habitación soterrada para la época estival.

Al final de la pasarela en el límite oeste del yacimiento, nos encontramos con los restos del balneario de la fase inicial que han sido excavados, y sobre los que se construyó parte de la villa residencial. Se trata de las termas y dependencias anexas de los baños termales públicos, donde destacan la letrina, el hipocausto y sobre todo el Mosaico Nilótico.

Justo en el borde del yacimiento se encuentra la letrina, una habitación con asientos corridos, de piedra o madera, provistos de un agujero `para sentarse y realizar las necesidades. Por debajo de los asientos corría constantemente el agua limpia.

En esta zona se concentraban los sistemas de combustión y el hipocausto (calefacción subterránea) para mantener las salas a altas temperaturas, protegiéndolas mejor de las corrientes frías. Está compuesto de un horno de leña que generaba aire caliente que circulaba por debajo del suelo, el cual estaba elevado sobre una red de pequeños pilares de ladrillo. El sistema también incluía tubos de barro cocido empotrados en las paredes, permitiendo que el aire caliente subiera y climatizara el ambiente de forma envolvente.

En el límite del margen izquierdo de la villa sur, coincidiendo con el cauce del arroyo, se encuentra el pavimento de una de las salas más representativas de las termas y emblema de Fuente Álamo, el Mosaico Nilótico. Su hallazgo arqueológico fortuito dio origen en 1982 a las excavaciones oficiales de la Villa Romana de Fuente Álamo. Es un mosaico que tiene forma lobulada (tetraconque): un cuadrado central y cuatro semicírculos como cuatro ábsides, cubiertos de teselas, que hasta la fecha es el único que se ha documentado en la provincia Bética, mientras que son relativamente frecuentes en la Meseta del Duero. Está levantado directamente sobre las estructuras de las antiguas termas de invierno, y el acceso se efectuaba a través de una entrada estrecha que lo comunicaba con el hipocausto destinada a zona de vestuario. Una estancia singular muy afectada por el curso del arroyo y de la que tan solo nos ha llegado la planta con parte del mosaico.

Mosaico Nilótico junto al hipocausto y el cauce del arroyo.

El mosaico se organiza en forma de un cuadrado de 3 x 3 m. y cuatro absidiolas semicirculares. La escena central contiene la personificación de un dios-río que en este caso hay que identificar con el río Nilo del antiguo Egipto, representado como un personaje barbudo, en actitud indolente, mirando al espectador y con una acusada obesidad, con el brazo izquierdo extendido mientras apoya el derecho en un trono (¿o en un cántaro del que mana agua?). Le acompañan un cocodrilo y un hipopótamo mientras unas aves (probablemente unos íbices) picotean más arriba. Es decir toda una fauna de origen nilótico que justifica el apelativo otorgado al mosaico. A partir de ahí comenzaba a desarrollarse la historieta cómica sobre una familia de pigmeos a la caza de una grulla que se contiene en las absidiolas. Se ha datado de finales del siglo IV en base al latín muy evolucionado usado en los textos escritos, y coincidente con el momento en que la villa de Fuente Álamo experimenta una profunda decoración con mosaicos en todos los espacios nobles.

La historia comienza a partir de la entrada y se desarrolla de izquierda a derecha, en el sentido de las agujas del reloj, y tuvo su desarrollo en las cuatro absidiolas que flanqueaban el cuadrado central.

  • – El primero de los ábsides apareció muy dañado por un olivo y del que tan sólo se conserva un fragmento con epigrafía.
  • – El segundo había sido dañado por las crecidas del arroyo y solo se conservan dos fragmentos sin información epigráfica, puede entenderse que representó el momento en que el padre de familia empieza a ser atacado por la grulla cuya arremetida va a tumbar a este personajillo, protagonista del comic.
  • – En el tercero se desarrolla el «nudo» de la historia que se llena de un dramatismo cómico que hubo de provocar la hilaridad de los visitantes, que debió formar parte del acervo popular de teatrillos itinerarios y su argumento debió ser conocido por la sociedad del siglo V. En la escena se observa como el padre pigmeo ya ha sido derribado por la grulla, que le ha atacado en el bajo vientre, se ha aferrado a su mano izquierda y hace que el protagonista se sienta morir. Mientras tanto su hijo trata de defender al padre atacando al ave con dos palos o dos cañas y la madre (representada con unos pechos prominentes que en el fragor se le han salido de la túnica, el pelo desgreñado y una exagerada nariz), situada en tercer plano, entre en un delirio de desesperación porque barrunta consecuencias fatales para ella, algunos interpretan que el lamento de la esposa no es de que la grulla mate a su marido sino de que, viendo el punto de su anatomía en que es atacado, lo que en realidad va a perder es el balano (la cabeza del pene).
  • – En el cuarto tiene lugar el «desenlace» del drama, que termina felizmente para los pigmeos, en un escena enmarcada entre dos palmeras con tres personajes, dos esclavos y el amo (que debe ser Gerio) en el centro. Han conseguido abatir a la grulla que es arrastrada con una cuerda al cuello y hablan entre sí. Todos los personajes masculinos aparecen desnudos, con aspecto musculoso y una hipertrofia fálica evidente, lo que contribuiría a acentuar la comicidad de la narración.

Este mosaico atiende más a la singularidad del diálogo que mantienen entre sí los personajes que a los aspectos musivarios. Coincidiendo todos en que estamos ante un auténtico “comic” del mundo antiguo. Una historieta cómica destinada a divertir a quienes fueron invitados por el dueño de la villa a visitar un espacio tan singular del edificio sur. Algunos expertos interpretan que las cuatro absidiolas en que se reparte la historia de los pigmeos y las grullas “funcionarían como viñetas de un cómic”, también destacan que “el taller que confeccionó el mosaico, no es originario de la zona ni afincado en la región circundante”, que se trataría de artistas itinerantes dedicados al mimo, teatro o la música.

Se le conoce como «el primer cómic de la historia» por la combinación de viñetas narrativas y bocadillos de diálogo (epigrafía) que narran una historia jocosa con una carga de erotismo que acentúa el sentido cómico que indudablemente el mosaísta quiso dar a su obra. Lo espectacular y raro de este mosaico polícromo ha suscitado la atención de investigadores, historiadores, filólogos, arqueólogos y público en general.

El mosaico que hay en el propio yacimiento de Fuente Álamo es una restitución virtual del original que permanece en el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba (MAECO), donde fue trasladado para su protección, pues en el momento de su descubrimiento aún permanecía abierto el yacimiento y sin control de nadie. Se espera su vuelta al lugar para el que fue creado.

Con nuestro encuentro con el Mosaico Nilótico, terminamos nuestra presencia en la zona cubierta del yacimiento, y en el camino de vuelta al Centro de Visitantes pasamos por la zona norte donde se encuentran los restos de la zona fructuaria y último espacio ocupado posteriormente por la comunidad islámica.

Zona Norte: Ocupación islámica.

Tras el abandono progresivo de la villa señorial romana alrededor del siglo VI d.C., el yacimiento volvió a cobrar vida siglos después. Una tercera época de esplendor que se produjo gracias a un asentamiento rural islámico durante la época Califal (siglo X d.C.). Durante la presencia musulmana en la colina oriental colindante, el lugar fue conocido como Al-maman (el baño), término del cual deriva su denominación actual. Una comunidad islámica que reutilizó algunas estancias y espacios de la villa romana para la extracción de aceite de oliva y que llegó a construir en ella un molino de viga, así como la utilización de parte del cementerio romano para seguir dándole el mismo uso que sus antecesores, compartiendo el campo santo con tumbas de ambas sociedades.

Croquis zona norte de Fuente Álamo (fuentealamovillaromana.com) (extracto)
Zona del pars fructuaria al norte del yacimiento con asentamiento islámico.

Almazara con molino de viga y quintal.

El cultivo del olivar siempre ha estado presente a lo largo de los siglos en las fértiles tierras de Fuente Álamo, generación tras generación de diferentes pueblos y sociedades, todas ellas han sabido aprovechar su fruto, convirtiéndose en testigos vivos de su historia. Al igual que sus ancestros, la comunidad islámica cultivaba el olivo para la extracción de su aceite. Para rentabilizar sus cultivos de olivar, este grupo aprovechó los muros y las infraestructuras de la antigua zona de almacenes (fructuaria) de la villa, transformándola en un complejo productivo de aceite.

Maqueta reconstrucción prensa de viga en Fuente Álamo.

Los pobladores de la época califal levantaron una almazara equipada con un gran molino de viga para el prensado de la aceituna. Para adaptar el edificio romano a la pesada maquinaria de producción olivarera, se derribaron varios de los muros originales tardorromanos y se levantaron otros nuevos. Esta intensa actividad industrial provocó daños severos e irreparables en pavimentos y estructuras originales de la antigua villa rústica.

Los restos arqueológicos nos muestran con exactitud la ubicación y el tamaño del citado molino de viga, con la aparición del quintal, la regaifa y una piedra torcular romana reaprovechada para la almazara islámica.

Necrópolis.

La necrópolis del yacimiento de Fuente Álamo es uno de sus sectores más fascinantes, destaca por su elevada concentración de sepulturas en un entorno eminentemente rural, en un espacio definido como «un cementerio para tres religiones». Fue descubierta de forma accidental en febrero de 2009 durante los trabajos de excavación para cimentar el Centro de Recepción de Visitantes.

Zona de la Necrópolis junto al Centro de Visitantes (ABC-Córdoba)

Hasta la fecha, las excavaciones dirigidas por arqueólogos locales han sacado a la luz más de 150 tumbas (con una previsión de alcanzar hasta 400 en los sectores colindantes), evidenciando que el recinto residencial romano acabó transformándose en un gran cementerio multicultural tras el abandono de la villa.

La necrópolis destaca por superponer rituales de enterramiento de tres etapas históricas completamente distintas. Las tumbas más antiguas localizadas en el sector corresponden a los últimos siglos de dominación romana y la posterior época visigoda (siglos IV y VII d.C.). se tratan de enterramientos en fosas donde los individuos eran depositados en posición decúbito supino (boca arriba), algunos de ellos protegidos por estructuras de tejas (tegulae) o sillares reaprovechados. La fase más numerosa del cementerio es de época Califal (siglos IX y X d.C.), con enterramientos estrictamente bajo el rito islámico de inhumación y orientadas a la Meca.

Lo que fue concebido para el lujo residencial romano y terminó con los siglos en un espacio sagrado de memoria, ha sido punto final de nuestra visita a este interesante y fantástico yacimiento de Fuente Álamo, y como despedida nos hacemos una foto de grupo en el patio del Centro de Visitantes.

Cómo un lugar concebido para el lujo residencial romano mutó con los siglos en un espacio sagrado de memoria.

A continuación nos dirigimos a la conocida como «la ciudad de las 11 torres», la localidad sevillana de Écija en el centro geográfico de Andalucía, para pasar la noche y prepararnos para la segunda jornada de nuestro viaje a la Bética Romana.

ÉCIJA

El viaje de Athenáa hacia la campiña sevillana nos conduce hoy a una de las páginas más brillantes, y a la vez singulares, de la historia de Andalucía. Con una población cercana a los 40.000 habitantes, Écija se encuentra asentada sobre un valle bañado por el río Genil (afluente del río Guadalquivir) a una altura media de 125 metros sobre el nivel del mar. Es la más extensa de Sevilla, la octava de Andalucía y la novena de España. Ademas de ser conocida popularmente como la «Ciudad de las 11 torres» por su imponente horizonte de las torres barrocas que desafían al cielo, también lo es como la «Sartén de Andalucía», debido a las extremas temperaturas veraniegas que han forjado el carácter resistente de sus gentes, y por la legendaria e irreverente historia de «Los Siete Niños de Écija», aquellos bandoleros decimonónicos que convirtieron sus caminos en territorio de mito y romanticismo.

La historia de Écija es tan amplia como su riqueza artística. La fundación de la ciudad se sitúa hacia el siglo VIII a.C., en el ámbito de la civilización tartésica. Hasta la conquista romana, hacia el 200 a.C., se trató probablemente de un pequeño poblado turdetano de cabañas, emplazado en la ligera elevación junto al río Genil conocida hoy como Cerro del Alcázar o de San Gil («El Picadero»).Conoció su mayor etapa de esplendor durante la dominación romana, participó a favor de
César en las Guerras Civiles contra Pompeyo y, hacia el año 14 antes de Cristo se fundó ya en el llano la denominada «Colonia Augusta Firma Astigi«, una gran ciudad de nueva planta, con calles pavimentadas trazadas en retícula regular, cloacas y red de distribución de aguas, foro, templos, termas y anfiteatro, junto a un puente por el que la Vía Augusta cruzaba el Genil. Desde entonces fue la capital de un extensísimo convento jurídico, uno de los cuatro en los que se dividía la
Bética, que comprendía no menos de 49 ciudades y abarcaba gran parte de las actuales provincias de Córdoba, Granada y Jaén. Su principal riqueza derivaba del cultivo olivarero y de la exportación del aceite a larga distancia, empleando la vía fluvial por el Genil y el Guadalquivir y, luego, la marítima desde Sevilla.

En época visigoda después de la caida del Imperio, la ciudad siguió siendo un importante foco cultural y religioso, llegando a ser sede de un obispado. En época islámica fue Istiya (o Astiya), capital de provincia durante el emirato y el califato. Los cronistas árabes destacan la fertilidad y riqueza de su territorio, en el que se asentó un importante poblamiento beréber. Los musulmanes introdujeron los cultivos de regadío y, entre ellos, el algodón cuyo desarrollo característico en Écija, llevó a acuñar el sobrenombre de Madînat al-qutn («La ciudad del algodón»). En mayo de 1240 fue conquistada por Fernando III y repartida entre nuevos pobladores castellanos, entre ellos muchos nobles, las órdenes militares y la Iglesia. El desarrollo de la gran propiedad terrateniente que ha marcado toda la historia posterior, bajomedieval y moderna arranca, en buena medida, de este reparto feudal y de su desarrollo en la Época Moderna.

Todo el siglo XVIII, considerado «El siglo de oro ecijano», vive un esplendor de construcciones civiles y de iglesias vinculado a la concentración de la propiedad y del poder eclesiástico y aristocrático, en esta época radicaron en la ciudad unos 40 títulos nobiliarios, 13 de ellos Grandes de España. El casco histórico de Écija conserva uno de los mejores legados de arquitectura y arte barroco de Andalucía y, probablemente, de toda la Península Ibérica: palacios, iglesias (con las torres que han hecho famosa a la ciudad), conventos, edificios públicos y casas-palacio que, junto a sus ricos bienes muebles y a los amplios archivos documentales, constituyen un patrimonio histórico excepcional.

Nos adentramos en una ciudad de luz cegadora, donde el peso de la historia se respira en cada plaza y la riqueza de su patrimonio monumental convive con el orgullo de un pueblo que custodia, con celo y hospitalidad, las esencias más puras del sur peninsular.

Comenzamos nuestra visita desde la estación de autobuses donde nos recibe quien va a ser nuestro guía durante toda la jornada, el cicerone perfecto para conocer Écija, Eugenio Benjumea Palomero, Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea,Guía Turístico de la Fundación Ciudades Medias del Centro de Andalucía, cofrade y Presidente de la Asociación Amigos de Écija y de los Pregoneros de la Semana Santa de Écija, siendo un gran embajador y fiel abanderado de ecijanía.

A modo de introducción y antes de comenzar nuestra andadura por las calles de Écija, Eugenio nos hace una pequeña introducción sobre la ciudad y sus historia.

Eugenio en su introducción sobre la ciudad de Écija.

Arrancamos la ruta del patrimonio astigitano que nos llevará al centro histórico de la ciudad, A nuestro paso por la Avenida del Genil nos encontramos una rotonda monumental con una obra simbólica sobre los orígenes tartésicos de la ciudad, se trata del «Monumento de Atlante«, autoría de Rafael González Armenta del año 2002, un altar con cuatros toros ibéricos y simbolos de la antigua Astigi en su base, y las dos columnas de Hércules que soportan la escultura de Atlas condenado por Zeus a soportar la bóveda celeste representada con un sol en su versió más antigua.

Monumento de Atlante en la rotonda de la Avenida del Genil.

Llegados a la Avenida Andalucía tomamos la calle La Victoria donde se encuentra la Iglesia Conventual de la Victoria.

Iglesia Conventual de la Victoria.

Iglesia Conventual de la Victoria de Écija.

Levantada a partir del siglo XVI bajo la advocación de Nuestra Señora de la Victoria, aunque existe la tradición de que en el lugar donde el convento se ubicaba se había aparecido en el siglo XV el apóstol San Pablo, patrono de la ciudad. Fue el cuarto convento de la Orden que se fundó en España, de manos de D. Francisco de Aguilar y Córdoba y Dª Elvira Ponce de León, apoyados por Fray Pablo Rosado. La historia del convento va ligado al prodigio obrado por San Francisco de Paula cuando desde su estancia en Tours (Francia) le entrega al fraile Martín Marmolejo una rama de morera para que le sirviera como bastón en el viaje de regreso a Écija, y a su llegada lo plantará en uno de los patios del convento, que él brotará, y sin necesidad de riego. A su llegada lo plantó en el jardín y el palo seco arraigó, convirtiéndose con el tiempo en un frondoso árbol  que los ecijanos adoptaron como una panacea universal (árbol santo) para todas las dolencias en forma de rama, de hoja, o de corteza. Con el tiempo el árbol fue cortado accidentalmente pero consiguió rebrotar débilmente. Después de la exclaustración, la huerta del convento astigitano fue adquirida por la marquesa de Peñaflor, y del tronco del árbol en buena parte carcomido, se hizo una cruz y una talla de San Francisco de Paula, y la iglesia pasó a ser el epicentro de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula en Écija, fuertemente amparada por la nobleza local.

La iglesia presenta Planta de cruz latina conformada por una gran nave y crucero. La primera, cubierta por artesonado a dos aguas con labores de lacería, bóveda de cañón en el presbiterio, de cañón con lunetos en los brazos y media naranja sobre pechinas en el centro.

Patio con puerta nueva de acceso al templo (cabecera y crucero de la iglesia original).
Torre del Convento y sede de la Hdad. de Confalón.

Aunque el templo sufrió profundas reformas en el siglo XVIII que le otorgaron su impronta barroca, destaca su sobria portada exterior de ladrillo visto, que contrasta con la riqueza de los retablos que alberga en su interior. Esta construcción fue derribada en 1965 debido a la inminente ruina, levantándose sólo la parte correspondiente a la cabecera y crucero, obras que finalizaron en 1974. En la nueva construcción se conservó el camarín de San Francisco de Paula con decoración de yeserías barrocas en su interior, tras el que se encuentra el panteón de la Casa de los Marqueses de Peñaflor. En esta restauración la nueva parte construida quedó separada de la antigua fábrica de la torre con un patio que hace las veces de compás.

El templo alberga diversos ejemplos de retablos barrocos del siglo XVIII como el retablo mayor con lienzos de la misma fecha, la talla del Cristo de Confalón de mediados del siglo XVI (anónimo) en la hornacina central y en el ático la figura de candelero de la Virgen de la Victoria, titular de la iglesia (en su interior, se encuentran los enterramientos de los Marqueses de Peñaflor). También el de Nuestra Señora de la Esperanza (s. XVIII, anónimo), el Cristo Sagrada Columna y Azotes (s. XVII, anónimo) y el de San Francisco de Paula (s. XVIII, anónimo), y que pudimos contemplar en plena fase de montaje para la estación de penitencia, dado que nuestra visita coincidió con las vísperas de Semana Santa.

Cristo Sagrada Columna, la Esperanza y Cristo de Confalón
En la epístola el retablo de San Francisco de Paula.

Al otro lado del patio, la majestuosa Torre del Convento de los Mínimos de San Francisco de Paula construida a mediados del siglo XVIII (hacia 1757). Es una de las once torres y un hito indiscutible del horizonte ecijano. Destaca por su imponente esbelteza y por el uso magistral del ladrillo limpio combinado con azulejería polícroma. Realizada en ladrillo, se aparta del resto de las torres barrocas de la ciudad en cuanto a que el fuste se presenta decorado, sobre el que se eleva un cuerpo de campanas profusamente decorado con dobles columnas, molduras aristadas y un capitel piramidal revestido de cerámica vidriada que resplandece bajo el sol. Al ser vísperas de Semana Santa, en la base de la torre y sede de la Hermandad de Confalón, se custodiaba con celo la exposición de los tronos procesionales de Nuestra Señora de la Esperanza y del Cristo Sagrada Columna y Azotes.

En los bajos de la torre los tronos del Cristo Sagrada Columna y Azotes y de Nuestra Señora de la Esperanza.

A la salida del templo, nos acompaña la banda sonora de la mañana que pusieron las cigüeñas; elevando la mirada hacia el campanario de la torre, pudimos verlas revolotear y escuchar su característico «crotoreo» rompiendo el aire limpio de la campiña.

Las cigüeñas en su revoloteo y crotoreo en el campanario de la Torre del Convento de los Mínimos.

Subiendo por la calle Mendoza alcanzamos la calle Cava y a través de un pequeño callejón accedemos a la Plazuela de Santiago, un rincón típico de Écija con una cruz de piedra con artísticos faroles enfrente de la puerta principal de la Iglesia y Parroquia de Santiago el Mayor.

Iglesia de Santiago el Mayor.

Iglesia de Santiago el Mayor de Écija.

Construida a mediados del siglo XV sobre los restos de una ermita en extramuros de la ciudad, al ser elevada a la categoría de Parroquia. Iglesia gótico-mudéjar con tres portadas de acceso, se encuadra dentro del círculo artístico de la Catedral de Sevilla. Sucesivas transformaciones fueron ampliando el conjunto edificado a lo largo de los siglos XVII y XVIII con la capillas de los Monteros y la Sacramental, el claustro, la portada principal y la torre.

La iglesia, a la que se accede por un patio porticado, presenta planta rectangular de tres naves divididas en cuatro tramos y separadas por pilares ochavados moldurados sobre los que cabalgan arcos apuntados. Como es habitual en las iglesias de este tipo, las cubiertas del templo son a base de bóvedas de crucería para las cabeceras, siendo la central sexpartita. El ábside se cubre con bóveda similar de abanico, y el cuerpo de la iglesia cubierta de madera, en forma de artesa con decoración mudéjar en la central y en forma de colgadizo en las naves laterales.

La torre se encontraba ubicada desde su fundación a los pies de la nave del Evangelio, pero se vio seriamente afectada por el terremoto de Lisboa de 1755, por lo que fue derribada en 1757, iniciándose en ese mismo año la edificación de una nueva torre, con cambio de ubicación y que se finalizó en 1766. Se trata de una hermosa torre barroca de sección rectangular que presenta un alto cuerpo liso de ladrillo decorado con azulejos de influencia local. Sobre este cuerpo principal o fuste se alza el primer cuerpo de campanas mediante arcos de medio punto revestidos de complicada azulejería, le sigue un segundo cuerpo de base octogonal delimitado por pilastras toscanas y con arcos rebajados. Un tercer cuerpo más reducido con elementos decorativos y aplicaciones de cerámica. El conjunto se corona con una cúpula revestida de azulejería, sobre la que aún se eleva una pequeña linterna rematada por cupulín y una cruz potenciada con una veleta de hierro que remata toda la obra.

Plazoleta de Santiago con la Iglesia-Parroquia de Santiago el Mayor.

Desde la plazoleta accedemos al patio de la iglesia por la portada exterior que fue diseñada en torno a 1760 por el reconocido arquitecto barroco Pedro de Silva, caracterizada por sus columnas y un frontón curvo partido con una hornacina central. El patio destaca principalmente por actuar como una antesala claustral barroca que aísla el templo del bullicio urbano, dotándolo de un aire conventual único. A diferencia de los patios simétricos tradicionales, su planta es notablemente irregular, adaptándose al entramado de las calles colindantes. Aunque el ambiente general del patio es puramente barroco del siglo XVIII, conserva sutiles transiciones de las reformas renacentistas previas y sirve de portal directo hacia el interior gótico-mudéjar del templo

Patio porticado de acceso a la Iglesia de Santiago el Mayor.

Eugenio nos dirige a la esquina del patio en la base de la torre donde se puede contemplar una misteriosa mascarilla de piedra incrustada en la pared y que alimenta la «Leyenda de la cabeza del moro» y que pasa a contarnos. Según la tradición popular local, cuenta que en el lugar donde hoy se alza la torre se encuentra enterrado un moro desde el año 756. En aquella fecha, la Écija musulmana tuvo que ser dotada de un cadí, y para la designación se eligió a varios distinguidos «santones» para que sirvieran de mesa electoral. Justo en ese sitio se colocó un santón que, al observar que el partido de su simpatía iba perdiendo, se tragó unas cuantas bolas (usadas para el escrutinio a modo de papeletas) del bando contrario. Con tan mala suerte para él que un centinela lo vio, y tras la denuncia fue juzgado, degollado y enterrado donde cometió el delito. Encima de su tumba se elevó un monumento funerario y posteriormente la torre; existía la creencia árabe de que, con el tiempo y la celebración de elecciones legales, el cuerpo del santón se iría filtrando entre los ladrillos y piedras del monolito. Desde entonces se han sucedido multitud de comicios y el pobre santón solo ha logrado emerger la cabeza.

Eugenio contando la «Leyenda de la cabeza del moro» en la pared con la mascarilla de piedra.

Tras cruzar sus puertas nos adentramos en uno de los grandes tesoros locales, una de las iglesias más elegantes de Andalucía, distinguida como Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1983 en calidad de monumento histórico-artístico. A continuación, iniciaremos nuestro recorrido para descubrir algunas de sus piezas excepcionales:

Nave principal de la Iglesia de Santiago con el Altar Mayor al fondo.

El Altar Mayor es el retablo principal y pieza excepcional del tesoro artístico ecijano, donde pinturas y esculturas forman un conjunto de gran armonía artística. Presidido por un fastuoso retablo considerado como el retablo más importante después del de la Catedral de Sevilla, está tallado en estilo de transición del gótico al renacimiento, con relieves y esculturas del círculo de Jorge Fernández y pinturas sobre tabla del siglo XVI, firmadas por Alejo Fernández Alemán. La imagen de Santiago ocupa la hornacina principal con escenas de la vida de Jesús.

A la derecha del Altar Mayor se encuentra la Capilla del Sagrario, plenamente barroco donde la Hermandad de los Estudiantes de Écija expone sus imágenes, destacando el Santísimo Cristo de la Expiración, titular de la hermandad y considerada una de las obras cumbres del barroco español. Una imagen de Pedro Roldán (1680), tallada en madera de cedro que destaca por un naturalismo extremo y un estudio anatómico detallado que busca conmover al fiela. En esta nave también se encuentran los retablos de San Blas, Sagrado Corazón de Jesús y San José.

A la izquierda una capilla que alberga la imagen de la Nuestra Señora de los Dolores, se desconoce su autor, aunque dado sus rasgos cabe pensar que fue obra de Montes de Oca, algunos la atribuyen a la Roldana en 1700 aproximadamente. En la nave epistolar nos encontramos con un retablo del siglo XVIII tallado en bajo relieve dedicado a las Ánimas.

Junto al retablo de las Ánimas en la nave epistolar se encuentra la Capilla de los Montero de influencia indiana, una soberbia muestra de la arquitectura renacentista y del primer barroco (1630), decorada con una densa ornamentación de yeserías manieristas que cubren toda su cúpula. Un espacio religioso donde se funden distintas representaciones del mundo mesoamericano, con imágenes y relatos de la visión concepcionista que empezaba a gestarse. Se pueden observar máscaras y elementos con influencias sudamericanas, esto se debe a la persona que encargó su construcción, Juan Martínez Montero, un ecijano que hizo fortuna durante la época de la conquista del «Nuevo Mundo». Esta combinación evidencia el profundo mestizaje cultural que se iniciaba en el entorno andaluz de aquellos siglos.

Más allá de las tallas exentas, la capilla destaca por sus imágenes en relieve y yeserías, que son el verdadero tesoro de este espacio. Sobre el nicho central está la imagen de La Inmaculada Concepción que muestra una clara influencia de la Virgen de Guadalupe, reflejando el sincretismo cultural de su fundador. La capilla está presidida por la imagen de Jesús Nazareno de la Misericordia, se trata de una obra del siglo XVIII atribuida al escultor José Montes de Oca que representa a Cristo cargando con la cruz, pero en nuestra visita estaba instalada en su trono procesional fuera de la capilla.

La Capilla de los Montero en la nave epistolar.

Al pie de la iglesia bajo el coro nos encontramos tres tronos en fase de preparación para la procesión de los pasos de la Hermandad de los Estudiantes de Écija: Nuestra Señora de los Dolores, El Cristo de la Expiración y el Misterio del Padre Jesús de la Misericordia.

Tronos de Nuestra Señora de los Dolores, El Cristo de la Expiración y del Misterio del Padre Jesús de la Misericordia.

Desde la iglesia volvemos a la calle Cava para tomar el callejón que nos adentra en la Plaza Puerta de Osuna. Un espacio que conserva la memoria de la antigua muralla que protegía Écija y de una de sus entradas históricas que la unía con la vecina localidad de Osuna. Del pasado romano de la ciudad la muralla contaba con cuatro accesos principales: la Puerta del Puente, la Puerta de Palma, Puerta Cerrada y la propia Puerta de Osuna. La puerta fue demolida en el siglo XIX pero en este punto aún se aprecian restos de esa fortificación, conocida en época musulmana como Bab Usuna. Como las puertas de la ciudad eran las zonas más desprotegidas de la muralla, su defensa se articulaba con la construcción de alcázares (enormes torreones con amplias cámaras en su interior). En la muralla ecijana su existencia queda atestiguada en siete casos, siendo los alcázares de la Puerta de Osuna y la Puerta de Palma los de mayor envergadura.

Restos del alcázar junto a la Plaza de la Puerta Osuna y la calle Santa Ángela de la Cruz.

Desde la plaza donde se sitúan los restos de la puerta continuamos por la plazuela y calle Santa Ángela de la Cruz, presidida por una escultura en homenaje de la ciudad a las Hermanas de la Cruz y desde donde Eugenio no habla sobre el edificio de la Casa-Palacio de los Aguilar. Perteneciente a una de las ramas de la familia de los Aguilar, es ésta una notable vivienda que fue remodelada durante el siglo XVIII, realizándose en ella entonces una profunda redistribución según los criterios típicos del momento. Con una elegante portada de acceso, levantada en dos cuerpos de altura más remate superior y realizada en un austero estilo barroco, ya próximo al neoclásico, cuya fecha de construcción se estima entre los años 1750 y 1799. Un sistema de columnas pareadas sobre pedestal único y sobre las mismas un balcón con pilastras cajeadas de capitel jónico coronando por un frontón con el escudo heráldico de los propietarios.

Como curiosidad de esta casa, nos cuenta que Miguel de Cervantes residió en ella temporalmente durante sus estancias en la ciudad a finales del siglo XVI, mientras trabajaba como comisario real de abastos requisando trigo y aceite para la Armada Real. Durante su estancia en la ciudad (que se prolongó por casi dos años), su labor recaudatoria fue tan estricta que le provocó graves enfrentamientos con terratenientes e incluso con la Iglesia, lo que derivó en su excomunión temporal por parte del Arzobispado de Sevilla

Plazoleta de calle Santa Ángela de la Cruz con escultura Hnas. de la Cruz y Casa-Palacio de los Aguilar.

Desde allí, seguimos la calle Santa Ángela de la Cruz donde se encuentra el convento de las Hermanas de la Cruz y buscamos la estrecha y fotogénica Calle Fernández Pintado, donde contemplamos el pintoresco arco de acceso de la puerta lateral de la Parroquia de Santa María Nuestra Señora. Denominada popularmente como Arco de Santa María, debido al gran pasadizo abovedado que atraviesa la calle, conformado por dos grandes arcos de medio punto apoyados sobre ménsulas. La portada gira en torno a un vano adintelado, flanqueado por pilastras sobre pedestales y rematado por frontón triangular, en la que se alternan mármoles polícromos.

Arco de Santa María de la puerta lateral de la Iglesia de Santa María en la calle Fernández Pintado.

Tras cruzar el arco alcanzamos la Plazuela de Santa María, un rincón que funciona como un atrio urbano, aislando el bullicio de la ciudad. Presidiendo el centro de la plazuela se alza el monumento denominado el Triunfo de la Virgen del Valle y San Pablo, un Triunfo de estética neobarroca y romántica erigido a principios del siglo XX. El monumento consta de una elaborada base de piedra y mármol tallado, decorada con relieves e inscripciones devocionales. Sobre su alta columna central se eleva la imagen escultórica, un hito visual que dialoga directamente con la portada de la iglesia.

Plazuela de Santa María con el Triunfo de la Virgen del Valle y San Pablo y portada principal de la Iglesia de Santa María.
El Triunfo de la Virgen del Valle y San Pablo

El Triunfo de la Virgen del Valle y San Pablo, fue levantado en el año 1766 justo enfrente de la fachada principal de la iglesia del mismo nombre y simboliza la devoción y el patronazgo conjunto de la ciudad de Écija, rindiendo homenaje a Nuestra Señora del Valle (patrona principal) y a San Pablo (santo patrón de la localidad),

Un monumento anónimo que expresa el fervor religioso de la época. De estética neobarroca y romántica se alza aislado sobre una plataforma elevada de planta cuadrada, con columnas adosadas de piedra y de líneas muy barrocas en su perímetro y rematada por balaustrada de piedra y en cuya parte superior se levanta una imagen de la Virgen de esta advocación.

Al hilo de las medidas desacralizadoras de la vía pública llevadas a cabo en 1868 por la Junta Revolucionaria de Écija, nacida con la Gloriosa, el Alcalde D. José Morales y González aprueba el derribo del monumento, basándose en que dicho monumento amenazaba ruina, considerándolo un obstáculo para personas y carruajes, además de servir de muladar a las casas vecinas y conservarse en muy mal estado. Después de varios intentos infructuosos de la Parroquia para salvar el monumento, es la Condesa viuda de Valverde quien propuso al Ayuntamiento correr con los gastos de su restauración, incluyendo también la colocación de cuatro faroles para la iluminación nocturna, a lo que accedió el Cabildo. En 1992 y por iniciativa municipal, se procedió a la limpieza y consolidación del monumento, colocándole un nuevo alumbrado público así como enmarcando su perímetro con marmolillos unidos con cadenas, inspirados en fotografías históricas del siglo pasado.

Desde la plazoleta de la Virgen María dominada por la verticalidad de la torre, accedemos a la Parroquia de Santa María Nuestra Señora.

Parroquia de Santa María Nuestra Señora.

Torre y Parroquia de Santa María Nuestra Señora

La actual iglesia de Santa María se construyó entre 1758 y 1804, y se levantó sobre la primitiva iglesia medieval de 1262 de estilo gótico-mudéjar con numerosas reformas del siglo XVI y XVII. El autor del proyecto debió ser el arquitecto Pedro de Silva, quien redactó las condiciones de la obra e intervino desde sus comienzos hasta 1763. Combina elementos del barroco tardío con el incipiente neoclasicismo. En esta iglesia predicó el santo San Juan de Ávila conservándose aún el púlpito desde donde predicaba.

En su interior, tras pasar por su magnífica puerta de estilo barroco en la portada norte bajo un arco muy elevado y de grandes dimensiones, que es la principal del edificio, vemos un espacioso templo, con orientación Sur-Norte, de planta rectangular, con tres naves cubiertas por bóvedas baídas, capilla mayor muy profunda con abovedamiento de cañón y lunetos, y cúpula con tambor en el crucero.

La Torre es anterior al templo actual, fue levantada entre 1717 y 1727, y tras los graves daños ocasionados por el terremoto de 1755 se efectuaron algunas reformas dirigidas por Pedro de Silva. Adosada a la gran portada, destaca por ser una de las más altas y esbeltas de la localidad cuyo diseño de estilo barroco andaluz recuerda a la Giralda de Sevilla. Su estructura se levanta sobre una gran portada de ladrillo visto con vanos decorados y cuenta con un cuerpo de campanas profusamente ornamentado con azulejería del siglo XVIII. Entre las campanas figura una del Siglo XV, que tiene el interés de reproducir el Pendón de Écija.

Virgen de la Asunción

La capilla mayor está dedicada en un tabernáculo a la Virgen de la Asunción; a su lado destaca la tabla de la Virgen de la Antigua, una magnífica pintura realizada en 1575 por el célebre pintor renacentista sevillano Pedro de Villegas Marmolejo, uno de los artistas más refinados de la escuela sevillana del siglo XVI. La obra reproduce la célebre y tradicional iconografía medieval de la Virgen de la Antigua de la Catedral de Sevilla, mostrando a la Virgen de pie sosteniendo al Niño Jesús con un brazo y una rosa con la otra mano, mientras un ángel la corona en la parte superior.

La nave del evangelio alberga en el suelo diversas lápidas con sus respectivas inscripciones, y se encuentra presidida por un retablo con la imagen de la Inmaculada Concepción, que vino a sustituir hace unos años a Nuestra Señora de Belén. Junto a la puerta de la Capilla Sacramental, encontramos el retablo de Nuestro Padre Jesús Cautivo, obra de Cayetano González en 1947. A su lado se sitúa la puerta que da al patio de los naranjos y al Museo Parroquial. 

La nave del evangelio con la capilla Sacramental, del Jesús del Cautivo y el retablo de la Inmaculada Concepción.

En nuestra visita nos encontramos el retablo de Nuestro Padre Jesús Cautivo acompañado con las imágenes de Nuestra Señora de las Lágrimas (anónimo, s. XVIII) y La Borriquita «Entrada de Jesús en Jerusalén» (s. XX y XXI), todas pertenecientes a la Hermandad del Cautivo.

Retablo de Jesús el Cautivo acompañado por Jesús sobre «El Pollino» de la La Borriquita y la Señora de las Lágrimas.

En el año de 1995, se incendió la capilla de Nuestra Señora del Pilar, aunque se pudo salvar la imagen. Durante el periodo de restauración, la Hermandad del Cautivo y la de Ntra. Sra. del Rocío, las dos hermandades existentes en esta parroquia, recibieron culto en la Iglesia de Santa Bárbara.

Desde la nave del evangelio se accede al Museo Parroquial de Écija que se encuentra instalado en el Patio de los Naranjos. El Claustro es contemporáneo a las construcciones realizadas en la segunda mitad del siglo XVIII, es de planta cuadrada, se encuentra porticado en sus cuatro frentes con arcos de medio punto sobre columnas toscanas y decoración pictórica de rocallas en el friso. Un espacio de arquitectura tradicional andaluza con un pavimento de ladrillo en espiga, donde muestra al aire libre una colección de restos arqueológicos prehistóricos, romanos y árabes.

El Patio de los Naranjos, el claustro de la Iglesia de Santa María donde se encuentra el Museo Parroquial.

El grupo disfrutó de un remanso arqueológico en un contraste perfecto entre la naturaleza y la piedra histórica que atesora capiteles, fustes de columnas, lápidas, restos de cornisas y de campanas. Estos fragmentos son testigos mudos de las distintas civilizaciones que han pasado por Écija (la antigua Astigi romana), desde la época romana hasta la visigoda e islámica. Una de las piezas más curiosa es la matraca, antiguo instrumento de madera que sustituye al replique de campanas durante los días de luto, especialmente el Jueves y Viernes Santo, marcando con su golpe seco y profundo el paso del tiempo y el recogimiento de la ciudad. Más que un simple objeto sonoro, la matraca es uno de los sonidos más singulares de la Semana Santa ecijana, y un símbolo de tradición, memoria y solemnidad, un eco del pasado que sigue vivo.

Junto a la puerta del patio en la misma nave del evangelio se encuentra La Capilla Sacramental, uno de los espacios barrocos más impresionantes y profusamente decorados de toda la provincia de Sevilla. Joya del barroco ecijano que destaca por su opulencia visual, donde resalta un retablo rococó ricamente dorado dedicado a la Inmaculada Concepción. A diferencia de las naves principales del templo, que muestran un aire más sobrio ebanizado de estilo neoclásico fruto de la reconstrucción tras el terremoto, la capilla resalta por su desbordante riqueza ornamental barroca.

Templete de la Inmaculada

Es de planta basilical de una sola nave, con cabecera plana y crucero, dividida en cuatro tramos, cubiertos por bóvedas de aristas simples, separados con arcos fajones y media naranja en el presbiterio. Toda su superficie interior está enriquecida por completo con pinturas murales, molduras de yesería y representaciones pictóricas que recubren los techos y muros, creando un ambiente de profundo recogimiento y espectacularidad visual, un amplio repertorio iconográfico de claras influencias del barroco sevillano.

El altar mayor está presidido por un magnífico retablo-templete con la imagen de la Inmaculada Concepción, realizado en 1703 por Pedro Ruiz Paniagua (que perteneció originalmente a la desaparecida iglesia jesuita del Colegio de San Fulgencio). La estructura del templete está elaborada de madera dorada, que funciona como el elemento central del presbiterio de la capilla, fue diseñada originalmente para servir como el monumental monumento eucarístico de la parroquia antes de ser adaptada a su ubicación actual.

En el camarín central se halla la Inmaculada, complementándose las calles laterales con las imágenes de San José con el Niño Jesús y Santa Ana con la Virgen Niña. En el ático con la presencia de columnas salomónicas se sitúa una talla del Niño Jesús, con su Sagrado Corazón sobre el pecho y se culmina con la Trinidad, con un relieve del Padre y las figuras en bulto redondo de la paloma representativa del Espíritu Santo y el Hijo.

Al final de la nave de la epístola nos llama la atención unas estatuas yacentes debajo del último retablo dedicado al mártir San Lorenzo, una pintura sobre tabla fechada en 1570. Al encontrarse expuestos los tronos en preparación para los pasos de las hermandades de la iglesia, quedaban poco visibles, pero la curiosidad por el tipo de escultura anacrónica al contexto del templo, llevó a Eugenio ha explicarnos su singularidad.

Eugenio en su explicación sobre la singularidad del sepulcro de alabastro debajo del retablo de San Lorenzo.

Es un sepulcro en alabastro con esculturas yacentes del siglo XIV, uno de los poquísimos vestigios medievales que sobrevivieron de la primitiva iglesia de estilo gótico-mudéjar (construida originalmente en 1262), la cual tuvo que ser demolida y reedificada tras los devastadores daños del terremoto de Lisboa en el siglo XVIII. Son dos personajes tallados en piedra con las cabezas sobre un cojín, típico de la nobleza medieval. Según los estudios históricos, los bultos funerarios simbolizaban el descanso eterno, la paz del alma y el estatus social o noble de la persona allí. sepultada. Aunque los personajes de este sepulcro son anónimos, normalmente corresponden a nobles medievales mecenas del templo, y algunos expertos lo atribuyen al maestre Lorenzo Suárez de Figueroa (conocido como el Tiñoso) y su esposa.

Sepulcro con estatuas yacentes del s. XIV bajo el retablo de San Lorenzo (wikimedia)

Nuestros pasos nos llevaron inevitablemente a la cercana Plaza de España, conocida popularmente como «El Salón». Se encuentra situada en el centro histórico y a su vez es el centro cívico, social y político de la ciudad, por lo que se trata de una de las zonas  que vertebra todos los recorridos posibles para diversas rutas o recorridos turísticos por el casco histórico. Su configuración actual data del año 1843, con una planta rectangular alargada, tiene más de 400 metros de perímetro y unas 0,8 hectáreas de extensión. Está delimitada con notables edificios donde confluyen importantes calles y algunas pequeñas plazas de gran interés arquitectónico y monumental.

Plaza de España o «El Salón» de Écija

Mientras contemplábamos las coloridas fachadas de los edificios singulares que delimitan la plaza, nuestra visita se tornó puramente etnológica al coincidir con los ensayos de las cuadrillas de costaleros y cargadores, cuyo rítmico caminar con las estructuras desnudas de los pasos bajo el sol de la mañana llenó la plaza de un ambiente pre-semanasantero.

El espacio se nos presentó como un gran libro de historia abierto, una plaza que cuenta con un importante patrimonio arquitectónico y artístico, una serie de edificios heterogéneos que no obstante dan una imagen de conjunto compacto y elegante, de alto valor urbano. Entre los edificios públicos, nobiliarios y religiosos, nuestra primera atención se la llevó la Casa Consistorial por presidir la plaza en su frente occidental y por la vista curiosa de su fachada apuntalada (dos plantas de altura que caracteriza su fuerte horizontalidad y sabor neoclásico). El edificio fue construido en 1893 en ladrillo donde destacaba una Sala Capitular de grandes proporciones, hoy sobre solar son visibles obras y excavaciones arqueológicas en curso, que prometen seguir sacando a la luz el pasado de la ciudad.

Entre los edificios singulares de la plaza destaca uno de los miradores que se conservan en buen estado, el conocido como Mirador de Peñaflor, del s. XVIII, justo en frente del Mirador de Benamejí. Pertenecía a los Marqueses del mismo nombre y su uso era para mirar desde sus balcones todos los actos y acontecimientos que pasaban en la plaza. Ahora tiene el uso añadido de oficina de turismo. Tiene como característica tener poco fondo pero con amplia fachada, posee planta baja con soportales y galerías abiertas o miradores en las plantas superiores, estas últimas protegidas por guardapolvos en los que se conservan restos de pinturas murales, algo habitual en los grandes edificios nobiliarios ecijanos de la época.

El Mirador de Peñaflor (s. XVIII)

Otro edificio emblemático de la plaza es la Iglesia de San Francisco. La comunidad de los Frailes Menores de la Orden de San Francisco se instaló aquí tras ocupar inicialmente la ermita de San Gregorio, situada a extramuros de la ciudad. Su edificación fue muy accidentada debido a la fuerte oposición del pueblo, que llegó a derribar parte de las obras iniciales. Estas pudieron concluirse finalmente en el año 1473 gracias a la intervención de los patronos fundadores del convento, quienes se encargaron de custodiar los trabajos. En sus orígenes, el complejo conventual destacaba por albergar todos los elementos propios de la época, incluyendo tres claustros con capillas, extensas huertas y jardines. Fue reformada en distintas fases hasta el siglo XVIII. Aunque el aspecto actual del templo es predominantemente neoclásico, en el crucero se conservan bóvedas góticas que datan de su época fundacional. La portada de la iglesia que da acceso a la plaza es del siglo XVII, destacando por su estilo gótico. En 1620, un huracán destruyó la primitiva espadaña, que fue reconstruida más tarde, marcando uno de los eventos históricos significativos de la iglesia.

Iglesia de San Francisco (s. XV)

Bajo el suelo de la plaza se construyó en 2007 un amplio aparcamiento subterráneo, durante las obras aparecieron importantes restos arqueológicos cuya configuración y superficie se ha respetado, quedando incorporados y visibles desde la superficie de la propia plaza. Y sin movernos de la plaza, descendimos imaginariamente varios siglos al aproximarnos al Estanque Romano en el extremo oriental de la plaza.

El Estanque Romano.

Escalinata y acceso a los restos del Estanque Romano (s. I d.C.) en la Plaza de España.

Este yacimiento subterráneo es una monumental obra de ingeniería hidráulica, uno de los vestigios arqueológicos más importantes de la antigua Colonia Augusta Firma Astigi. Se trata de una gran piscina o natatio de planta rectangular, datada en el siglo I d.C., que servía como estanque ornamental y regulador hídrico del centro cívico romano. Se ha conservado prácticamente intacto, y originalmente se localizaba a espaldas de un templo romano (augusteo) sobre podio que estaba orientado hacia el Sur, donde se encontraba el foro colonial.

Está construido con opus caementicium (hormigón romano) y revestido con placas de mármol y sillares perfectamente labrados. En las obras municipales de ordenación de los restos arqueológicos de la Plaza de España en el año 2011, se completa la excavación y para poder habilitar un acceso desde la plaza se modifica la zona occidental al estanque con la realización de una estructura escalonada (escalinata) formada con grandes sillares de piedra, apoyándose en la solería romana existente hasta alcanzar la cota de la plaza.

El estanque tiene un diseño monumental, con un aforo estimado de 60 personas, y destaca por su sofisticación técnica. Presumiblemente contaba con diversas esculturas decorativas en su perímetro, configurando un espacio de gran belleza y relevancia en la estructura urbana de Astigi. Las dimensiones y disposición del estanque revelan su papel tanto funcional como estético, siendo un testimonio de la habilidad romana en la gestión del agua y en la creación de ambientes arquitectónicos que reflejan poder y cultura.

Croquis del estanque y del templo (extracto del panel informativo) – Templo augusteo similar de Mérida (wikimedia)
Restos en el estanque (panel informativo)

Durante las excavaciones arqueológicas sacaron a la luz evidencias arquitectónicas, epigráficas y escultórica como fustes de columnas monumentales de granito importado, capiteles corintios de gran porte y complejos sistemas de canalizaciones subterráneas y cloacas que demuestran el urbanismo avanzado de la ciudad imperial.

Así como un importante lote de esculturas clásicas que hoy se conservan en el Museo Histórico Municipal y que más tarde visitaremos. Entre las piezas más destacadas, a nivel mundial, se encuentra la excepcional escultura de la Amazona Herida, copia romana del siglo II d.C. que aún conserva restos del color original.

El recinto se encuentra cubierto y con una entrada que lo sitúa a cota romana para poder ser visitado plenamente. Se encuentra totalmente integrado en la fisionomía de la Plaza de España, configurándose como un espacio visitable y adaptado para conocer la antigua configuración urbana de la ciudad

Grupo de Athenáa sobre la escalinata de acceso al enclave arqueológico «Estanque Romano».


Al salir de la plaza por su extremo sureste, nos topamos con la sobria e imponente fachada de la Iglesia de Santa Bárbara (finales del siglo XVIII), un notable ejemplo de la arquitectura neoclásica construida sobre un antiguo templo romano. Una de las primitivas parroquias tras la reconquista y uno de los primeros templos neoclásicos perteneciente a la feligresía de la vecina Parroquia de Santa María Nuestra Señora. En el exterior tiene una bella portada con un gran vano adintelado y flanqueado por dos columnas de granito con capiteles corintios y rematado por un frontón triangular. Junto a ella, se encuentra un gran azulejo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. La iglesia primitiva contó con una torre del siglo XV construida sobre un antiguo torreón árabe adosada a la fachada principal, construida en ladrillo y formada por tres cuerpos octogonales, pero a consecuencia de los daños causados en 1892 por un rayo que la afectó de lleno, se inició su derribo en 1918. La creencia popular afirmaba que Écija estaba protegida por sus templos, pero que si se construía una sola torre más allá de las once históricas, la ciudad quedaría a merced del diablo, superstición que cobró fuerza en el imaginario local cuando el rayo fulminó la torre de Santa Bárbara. Actualmente se conservan tres vanos del primer cuerpo de la antigua torre, que pasaría a ser utilizada como espadaña.

Fachada de la Iglesia de Santa Bárbara (s. XVIII) en un extremo de la Plaza de España.

Iniciamos el regreso hacia la Écija señorial recorriendo la Calle Emilio Castelar, la antigua calle de los Caballeros. Allí nos detuvimos ante un singular edificio civil, el Palacio de Peñaflor, que destaca por su larguísimo balcón corrido y sus espectaculares pinturas de trampantojo.

El Palacio de Peñaflor.

El palacio de Peñaflor conocido también como el de “los balcones largos”, fue mandado construir en el siglo XVIII por Antonio Fernández de Henestrosa, IV Marqués de Peñaflor, una de las grandes fortunas, gran terrateniente y Grande de España. Fue residencia de la familia de Peñaflor hasta 1958 con el fallecimiento de la marquesa viuda. La marquesa no tuvo descendencia y legó el palacio y todos su bienes a una fundación para su restauración y puesta en valor, si bien nunca se llegó a cumplir sus últimas voluntades y el palacio terminó vendiéndose en 1992 al Ayuntamiento de Écija, que también adquirió su archivo histórico de un valor incalculable.

El Palacio de Peñaflor o el de «los balcones largos» (s. XVII) en la calle Emilio Castelar.

En el año 2005 se intentó convertir en un hotel de lujo, pero el proyecto se suspendió y el edificio se quedó en estado de abandono, sufriendo un preocupante deterioro y el expolio sin control de mobiliario y contenido artístico, lo que motivó que en al año 2008 fuese incluido en la Lista Roja de Hispanostra. Entre el año 2017 y 2018 se restauró parte del edificio: la fachada y las caballerizas, el patio, la escalera y algunas zonas de la parte alta, el mirador y todo el portar, y actualmente se encuentra visitable y abierto al público.

En el edificio se aprecian varias fases constructivas fruto de sucesivas ampliaciones realizadas entre finales del siglo XVII y el XIX. Declarado Monumento Histórico-Artístico en 1962, goza actualmente de la protección de Bien de Interés Cultural (BIC). Se trata de uno de los monumentos civiles más singulares del barroco andaluz, reconocible por su gran balcón corrido de más de 60 metros que se adapta a la curva de la calle. Su estructura destaca por el uso de ladrillos colocados mediante la técnica de «tendido por tabla». Asimismo, la fachada exhibe pinturas murales al temple, mientras que su paramento exterior deslumbra con frescos policromados en trampantojo. Estas obras, creadas por Antonio Fernández, juegan a engañar al espectador simulando arquitecturas barrocas, y hornacinas inexistentes entre los balcones con paisajes con escenas de cacería.

Cruzamos su espléndida portada que es de gran monumentalidad: adintelada con dos columnas dóricas sobre basamento que sostienen un frontón que alberga en su interior el escudo de la Casa Peñaflor. En el segundo cuerpo se abre un balcón que servía para que los Marqueses hicieran sus apariciones públicas, flanqueado por columnas salomónicas sobre cabezas de leones, acentúa el carácter barroco, y junto a la torre-mirador, cuadrada, contribuye a romper la horizontalidad del edificio.

Desde la portada accedemos al Patio de Apeadero, un espacio de tránsito empedrado para carruajes, que conserva un pozo ornamental y una fuente abrevadero adosada al muro.

Patio del Apeadero.

Desde este apeadero se accede al patio central, a la escalera imperial de acceso a la planta alta y a las caballerizas, a esta última se accedía a través de una bella portada con un vano flanqueado por pilastras cajeadas que soportan un friso decorado con triglifos y un frontón alojándose en el centro el escudo de la familia, toda obra del maestro cantero Juan Antonio Blanco.

Fachada y portada de entrada a las caballerizas del palacio.

Las caballerizas era una pieza fundamental en los palacios de la época. Situada a la derecha del apeadero, presenta suelo empedrado y una estructura de tres naves con arquerías de medio punto sobre columnas dóricas de piedra, con una disposición de óculos de iluminación en cada uno de los tramos de la bóvedas. Los pesebres están realizados en madera ensamblada, con decoración policromada y con cartel individualizado, un espacio diseñado para albergar los valiosos ejemplares de la familia noble.

Interior de las caballerizas.

Desde el apeadero también accedemos al patio central, un claustro de planta cuadrangular articulado por galerías de arcos de medio punto sobre veinte columnas de mármol blanco con bellos capiteles. Bajo la galería hay un original friso o zócalo inferior, confeccionado con ricas placas de de mármol negro de Córdoba, mármol rosa de Cabra y ágata de Lanjarón. En el centro del patio se erige una elegante fuente de mármol labrada íntegramente en mármol blanco de alta calidad. Presenta un gran pilón poligonal desde cuyo centro se eleva un vástago bellamente tallado que sostiene una taza superior desde la que brotan sus doce caños de agua.

Patio central con la fuente de mármol en su centro.

Volvemos al patio del apeadero para tomar la escalera imperial o de honor de acceso a la planta alta. Es uno de los ejemplos más espectaculares de la escenografía barroca civil en España. Ideada para deslumbrar a los visitantes antes de ingresar a los salones nobles, destaca por fusionar de manera teatral, arquitectura, yeserías y pintura. En su arranque consta de dos cuerpos laterales de escaleras, y en centro la caja de la escalera superior, todo bajo tres arcos de medio punto apoyados en dobles columnas toscanas.

Primer tramo en planta baja de la escalera imperial.

En su segundo tramo la escalera se concentra en un solo cuerpo en el hueco central, rematado en su encuentro con la planta alta con un arco de medio punto sobre dobles columnas toscanas que da paso a la cúpula de media naranja dividida por ochos costillas con un florón en su centro. Toda la cúpula y las zonas altas de los muros están cubiertas por una profusión de yeserías blancas . Estas molduras fueron labradas por el reputado yesero sevillano Cristóbal Portillo, creando formas dinámicas que simulan cobrar vida bajo la luz natural.

Segundo tramo de la escalera en su conexión a la planta alta.

Todo este conjunto arquitectónico se encuentra ricamente decorado. Presidiendo la subida se sitúa una gran pintura de la Virgen del Rosario datada en 1767, obra del pintor Fray Antonio de Molina. El cuadro está integrado y enmarcado en un retablo de yesería especialmente diseñado en la pared. Este conjunto de gran interés artístico subraya el estatus y la profunda religiosidad de la familia noble de los Peñaflor.

Cuadro de la Virgen del Rosario y retablo y adornos de yesería en la caja de la escalera.

Desde la planta alta pasamos directamente al Despacho del Marqués, originalmente concebido como un espacio destinado a la gestión de las vastas tierras del marquesado y a la toma de decisiones estratégicas. Destaca por su mobiliario de época sobrio, elegante y señorial. Conserva en un estado impecable sus techos y estructuras de maderas nobles, decorados con minuciosas molduras que relatan el linaje de la familia. En la actualidad se encuentra musealizado y acondicionado para la visita pública, exhibiendo lienzos y pinturas históricas que complementan su atmósfera palaciega.

El Despacho del Marqués musealizado y zona de paso para acceder al torreón-mirador.

Desde el despacho noble accedemos a la caja de una angosta y preciosa escalera de caracol que nos llevará al torreón-mirador, que se sitúa en la esquina de la calle Cadenas. Tiene una extructura de planta poligonal que se eleva majestuosamente sobre el tejado del palacio, rematada por el cuerpo del mirador que cuenta con una estructura abierta mediante arcos de medio punto que permiten una ventilación e iluminación perfectas. Con cubierta a cuatro aguas con tejas y copete al centro, mientras que al interior se conforma con vigas de madera adornadas con lacerías mudéjares, pese a estar ejecutado en el siglo XVIII.

El interior del mirador con vistas panorámicas de tada la ciudad.

Desde el mirador podemos contemplar una panorámica de 360 grados con las mejores vistas de la ciudad, sus campanarios y de la campiña sevillana. Más allá de ser un mirador de recreo para la familia noble, estas estructuras cumplían una función de prestigio social. Permitían a los marqueses vigilar visualmente sus fincas de cultivo y, al mismo tiempo, demostrar su estatus al ser perfectamente visibles desde cualquier punto de la ciudad.

Foto de final de la visita al Palacio de Peñaflor del Grupo de Athenáa en la escalera imperial.

Tras concluir nuestra visita al Palacio de Peñaflor, regresamos a la calle Emilio Castelar y nos encaminamos a la Plaza de la Constitución. Ponemos el broche de oro a nuestro recorrido por esta ciudad histórica precisamente en el lugar donde se custodian los tesoros arqueológicos astigitanos: el Museo Histórico Municipal de Écija

Palacio de Peñaflor en Calle Emilio Castelar.

La Plaza de la Constitución es uno de los espacios con mayor encanto señorial y carga histórica de la ciudad. A diferencia de la bulliciosa Plaza de España, este rincón destaca por su ambiente pausado y su monumentalidad barroca. Está configurada arquitectónicamente para trasladar al visitante al siglo XVIII, la edad de oro de la ciudad. El empedrado tradicional y el diseño de su entorno conservan intacta la atmósfera de la época colonial y señorial, donde se encuentra el Casino como centro neurálgico de la burguesía local del siglo XIX, y sobre toda la joya indiscutible de la plaza, el Palacio de Benamejí, una joya del barroco andaluz declarada Bien de Interés Cultural y que alberga el Museo Histórico Municipal.

Plaza de la Constitución con el Casino y enfrente el Palacio de Benamejí-Museo Histórico Municipal.

El merecido almuerzo en el restaurante del Museo Histórico Municipal, ubicado en las entrañas del monumental Palacio de Benamejí, no solo sirvió para reponer fuerzas tras una intensa jornada de caminata y estudio, sino que se convirtió en el broche de oro perfecto para nuestra expedición. Rodeados por elementos arqueológicos y la atmósfera de un palacio que condensa siglos de historia, el grupo de nuestra asociación compartimos impresiones, debates artísticos y anécdotas, maridando la gastronomía tradicional de la campiña sevillana con el poso cultural que acabábamos de absorber, y amenizados con el acompañamiento musical inesperado de unos «tunantes» veteranos, aferrados a la nostalgia de su antiguo pasado universitario.

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Dejar Écija en estas vísperas de Semana Santa nos dejó una profunda sensación de gratitud y asombro. La ciudad demostró con creces por qué su patrimonio es un referente indiscutible: desde la riqueza ornamental e imagenera de sus iglesias, la majestuosidad de sus once torres —con el rítmico e inolvidable sonido de sus cigüeñas—, la identidad de sus edificios palaciegos. hasta el patrimonio arqueológico y museístico con la delicadeza de los mosaicos romanos y la imponente figura de la Amazona Herida. Cada rincón nos regaló una lección de conservación y orgullo de identidad. Nos despedimos de la «Sartén de Andalucía» con la retina llena de arte barroco, el eco de los tambores de los ensayos resonando en la Plaza de España y la firme convicción de que Astigi siempre guarda nuevos secretos arqueológicos por descubrir para quienes amamos la historia. Hasta nuestro próximo destino Athenáa.

Sobre el autor: Athenaa (fgo)

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