Hemos inaugurado el V CICLO de nuestros Coloquios sobre Murgi, y ha sido de manera excepcional en Villaricos el pasado 21 de febrero, una conferencia técnica sobre Luis Siret de mano del mejor conocedor de su figura, el profesor de Geografía e Historia, Juan Grima, y pisando el mismo suelo que, hace más de un siglo el propio Siret describió como un «museo al cielo abierto».
Aprovechando nuestra visita a Villaricos para conocer el yacimiento de Baria, y participar en el acto de reivindicación grupal con los colectivos culturales y ecologistas más representativas de la provincia de Almería, para denunciar la amenaza que se cierne sobre el corazón del antiguo puerto fenicio de Baria por la invasión urbanística. Tras el almuerzo se desarrolló la conferencia de Juan Grima sobre Luis Siret, ingeniero de minas, arqueólogo e ilustrador belga, que además de Villaricos, excavó Los Millares y El Argar, enclaves que, a diferencia de la Baria fenicia, sí están siendo puestos en valor.
Juan Grima Cervantes (Turre, 1962) es profesor de Geografía e Historia; coordinador de la Revista Axarquía; director de la Revista Almansura; miembro de la Sociedad Española de Historia de la Arqueología (SEHA) y vocal de publicaciones de la Revista Archaia; académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de Granada; miembro del Instituto de Estudios Almerienses de la Diputación Provincial de Almería. Ha coordinado y dirigido cinco Cursos de Verano de la Universidad Complutense. Es presidente de la Editorial Arráez, con más de 400 títulos publicados, celebrando este año el 25 aniversario. Es asimismo presidente de la peña flamenca Las Fraguas de Turre. Ha participado en movimientos reivindicativos como Unidos por Baria para salvaguardar el patrimonio arqueológico de Villaricos, así como en Levante sin Cables aéreos, contra las líneas de Alta Tensión. Ha publicado casi una veintena de libros y más de cien artículos de investigación y de difusión histórica, la mayor parte de ellos sobre el Levante almeriense. Ya jubilado, ha sido profesor de Historia en el Instituto de Educación Secundaria «Ayanub» de Vera, y recientemente nombrado cronista oficial de su pueblo «Turre», tras una elección por unanimidad de sus vecinos.
Samuel Caro, como presidente de Athenáa hace las presentaciones subrayando que para inaugurar este ciclo, no podíamos contar con nadie mejor que Juan Grima. No es solo un experto en la figura de Siret; es el hombre que, ante la falta de apoyo institucional en los años 90, aceptó el reto personal de fundar la Editorial Arráez para que la obra de Siret, escrita originalmente en francés, pudiera ser leída y comprendida por todos los almerienses. Gracias a su ‘séptimo sentido’ para la historia y su incansable labor de rescate editorial, hoy podemos decir que Siret ha vuelto a casa.
La conferencia es el testimonio de un experto sobre la vida y obra del arqueólogo Luis Siret, destacando no solo como científico avanzado a su tiempo, sino también como un filántropo comprometido con el desarrollo social y educativo de la región minera, y sobre todo por su papel fundamental en el estudio del patrimonio histórico de Almería.
«Luis Siret y Baria/Villaricos (1890-1934)»
Luis Siret y la lucha por la protección del yacimiento de Baria (Villaricos):
Juan nos cuenta que su interés por la historia nació al encontrarse con el libro “Cada piedra es un mundo” de Antonio Arribas Palau -catedrático Granada de Prehistoria- que le dejó totalmente entusiasmado y es un elemento principal de su biblioteca personal. Este libro ofrece una visión profunda de nuestro pasado a través del análisis de los restos materiales que nos han legado las civilizaciones antiguas, ahí entre otros se hablaba del descubrimiento de Troya, del Coloso de Rodas… Le caló tanto que lo ha reeleido en muchas ocasiones, convirtiéndose en la piedra angular de su afectividad como documentalista y bibliófilo, generándole un hábito por la historia y sensibilidad por el patrimonio que luego como estudiante de bachillerato y en la universidad, siempre iba sobresaliendo. Aunque estudió derecho por su padre, al final se decantó por la historia, sintiendo que tenía un «séptimo sentido» para ella. A pesar de especializarse en historia moderna, siempre le entusiasmó la figura de Luis Siret.
En el año 1990, propuso al Instituto de Estudios Almerienses traducir las obras de Siret del francés para que fueran accesibles, pero el proyecto fue rechazado por falta de presupuesto y con las excusas de las traducciones. Ante esto, en 1993 fundó la editorial Arraez para financiar y publicar estas obras por su cuenta. Entre los libros publicados destacan Orientales y Occidentales en España en los tiempos prehistóricos, Villaricos y Herrerías, y la España Prehistórica, una obra monumental y especial que denominan «la maleta de Siret», que contiene el libro y dos cajas de láminas (más de cien láminas en total) que recupera el trabajo científico de Siret.



Luis Siret representa la antítesis de la historiografía mítica personificada en figuras como el Padre Morote. Mientras Morote, en su obra sobre la historia de Lorca (Murcia), situaba la ciudad de Urci erróneamente, llegó a destruir una lápida original encontrada en Villaricos que mencionaba a «Baria» para no contradecir su libro, Siret aplicó un rigor ético inquebrantable. Frente a estas historias inventadas, Siret es descrito como un arqueólogo adelantado a su tiempo, cuyo trabajo se basaba en la arqueología científica y hechos probados (Facta non verba).
Luis Siret, ingeniero de origen belga, dirigió la empresa «Minera de Almagrera», cuya sede central en París subraya el carácter internacional de su actividad industrial. Bajo su mando, la empresa empleó a más de 3.000 obreros. Entre sus logros técnicos destaca la implementación de un ferrocarril de tracción animal para el transporte de mineral, cuya concesión de 100 años estipulaba que toda la infraestructura debía revertir al Estado español en 1997, compromiso que finalmente no fue cumplido por las empresas sucesoras. En 1914, Siret revolucionó la logística portuaria con un cargadero de mineral electrificado y el uso de gabarras para el estibaje en buques de gran calado.
La importancia de Baria radica en su estratigrafía, que alcanza potencias de entre 5 y 10 metros de profundidad. Siret dirigió dos grandes campañas: la fase de 1890-1891 (documentada en sus cuadernos de campo) y la fase de 1907-1914, cuyos diarios fueron redactados por Lucas Flores, hijo de su capataz (Pedro Flores).


Encontró una enorme riqueza que incluía: cerámica griega (cráteras); objetos de lujo (Escarabeos de factura egipcia, sortijas, botes de alabastro para ungüentos y esencias, y pendientes de oro); epigrafia con La Estela de Villaricos en lengua semítica/fenicia; y tallas de hueso de hipopótamo (evidencia de comercio con Oriente). Destaca el hallazgo del estuco decorado con un fresco del dios Baco, datado entre el 206 a.C y el 409 d.C.; y los famosos huevos de avestruz que estaban decorados en rojo o azul y se interpretaban como el «último halo de vida» o el alma del difunto guardada en el huevo. Siret consideraba que Almería era un «museo al cielo abierto» que no necesitaba más que ser puesto en valor.

Dibujo de Siret con falcata, escarabeo… (MAN)


Sobre la puesta en valor del museo al cielo abierto, Juan Grima denuncia la amenaza persistente que la presión inmobiliaria ejerce sobre los yacimientos de Villaricos. Nos muestra una foto donde se ve Siret con su familia en su caseta junto a la playa que hoy lleva su nombre, justamente donde ahora se pretende construir la «24 viviendas». El conflicto se centra actualmente en el proyecto ubicado sobre niveles estratigráficos de enorme riqueza. Anteriormente, la acción civil logró paralizar un proyecto de hotel de nueve plantas mediante la movilización de un movimiento ciudadano de más de 500 personas, que culminó en la creación de la Asociación Unidos por Baria.

Aunque la Junta de Andalucía llegó a indemnizar con 2 millones de euros a ciertos propietarios para frenar la destrucción, el conflicto legal persiste. Grima reivindica la visión de Siret de «Almería como un museo a cielo abierto», defendiendo que la provincia no requiere de contenedores museísticos masivos, sino de la preservación in situ de su paisaje histórico, el cual debe ser gestionado como un parque arqueológico integral. Las excavaciones de 2003-2004, realizadas por presión social, demostraron que debajo de cada metro de tierra hay restos de edificios antiguos, pero la protección total del sitio sigue en disputa judicial y política frente a los intereses de edificación.
Siret no trabajó de forma aislada; su prestigio lo convirtió en el eje de una red de expertos europeos:
- – Pedro Flores y sus hijos: Fundamentalmente Lucas Flores, a quien Siret instruyó en lectura, escritura y dibujo técnico, convirtiéndolo en un arqueólogo de facto que redactó las reseñas de las campañas de 1907-1914.
- – Padre Fita: Presidente de la Real Academia de la Historia. La relación fue tensa tras un desaire protocolario: Siret envió ediciones de lujo de su obra a la Reina Madre (María Cristina) y a Cánovas del Castillo, pero omitió a Fita, quien en represalia redactó informes negativos para devaluar la colección que Siret pretendía vender al Estado. Una colección al final terminó repartida y que se exhibe en los mejores museos arqueológicos del mundo, encontrándose el lote más importante y numérico en cuanto a piezas en el Museo de Historia y Bellas Artes de Bruselas.
- – Antonio Vives y Escudero: Eminente numismático que mantuvo una correspondencia constante con Siret, comparando sistemáticamente Baria con Ibiza por ser los dos enclaves púnicos más relevantes de la península.
- – Adolf Schulten: El arqueólogo alemán, excavador de Numancia y obsesionado con la Atlántida y Tartessos, quien siempre se dirigía a Siret con el tratamiento de «maestro».
- – Fray Paulino de Quirós: Dominico del Instituto de Cuevas de Almanzora. Intercambiaban cartas casi a diario para discutir traducciones del latín y hallazgos bizantinos, demostrando la intensa actividad intelectual de la zona.



Más allá de la arqueología, Luis Siret como director de la empresa minera en Sierra Almagrera, con miles de empleados a su cargo, fue una persona comprometida que proyectó una ética social avanzada, montó escuelas para los hijos de los mineros, estableció farmacias y mantuvo un compromiso con el bienestar de sus trabajadores. Su vínculo con la comunidad fue tal que, tras fallecer en 1934 de pulmonía en su palacete de Herrerias en Cuevas del Almanzora, sus obreros transportaron su féretro a hombros durante todo el trayecto hasta Águilas, en una procesión de respeto que duró un día entero. El Ayuntamiento de Cuevas le hace hijo adoptivo y sus restos, junto a los de su esposa, reposan en el Aguilas (Murcia).

El legado de Luis Siret no se limita solo a las piezas extraídas, sino a la documentación exhaustiva: sus diarios de excavación, memorias y notas técnicas se custodian hoy en el Museo Arqueológico Nacional (MAN), constituyendo la base de la ciencia prehistórica moderna en España. Su obra es el testimonio de que la historia de Almería se fundamenta en la evidencia material y no en el capricho de la tradición.
Una vez finalizada la conferencia y el debate abierto al respecto, el vicepresidente de Athenáa, Gracian Aguilera, hace entrega a Juan Grima de un obsequio con el motivo de la gorgona o medusa con la que Athenáa agradece a los conferenciantes que participan en los Coloquios sobre Murgi.








