El Centro de Interpretación de la Cultura Mediterránea de El Ejido, acogió el pasado 11 de junio la cuarta conferencia del “V Ciclo de coloquios sobre Murgi”, organizada por la Asociación Cultural Athenáa y con la colaboración del Ayuntamiento de El Ejido. En esta ocasión el ponente ejidense, Víctor Luque de Haro, profesor de la UAL, nos propone un recorrido por algunas de las principales corrientes migratorias que marcaron la historia de la provincia de Almería, desde los desplazamientos de trabajadores hacia las cuencas mineras de Linares y Cartagena-La Unión, hasta la emigración a Argelia, Cataluña o, ya desde inicios del siglo XX, el movimiento de población desde la Alpujarra hacia el Campo de Dalías.


VIDEO Conferencia
«De tierra de emigrantes a tierra de acogida-Las migraciones almerienses en perspectiva histórica»
El presidente de Athenáa, Samuel Caro, inició el acto agradeciendo a los asistentes su presencia y mostrando su satisfacción por el aforo completo. Asimismo, disculpó a quienes no pudieron asistir por motivos de agenda, mencionando a la concejala de Cultura, Elena Gómez, y al concejal de Juventud, Educación y Participación Ciudadana, Javier Rodríguez. Tras repasar la trayectoria de esta quinta edición de los Ciclos de Coloquios sobre Murgi, charlas que han abordado diversos aspectos del patrimonio histórico, cultural y natural, destacó que en este cuarto encuentro se explora una nueva faceta: la historia económica y social de la migración.

Antes de darle la palabra al ponente, Samuel agradeció a Víctor Luque su presencia, destacando con orgullo su condición de murgitano e hijo de Paco y María, y presentándolo como licenciado en Derecho y Administración de Empresas, máster de Economía Internacional y Desarrollo en la Complutense y recientemente nombrado profesor titular de la UAL. Trabaja en el Grupo de Investigación Historia Económica y Desarrollo, dirigido por Andrés Sánchez Picón e integrado por profesorado del área de Historia e Instituciones Económicas. Forma parte del Centro de Investigación Mediterráneo de Economía y Desarrollo Sostenible, y del Grupo de Investigación sobre la Historia Minera de España. Sus líneas de investigación son: niveles de vida durante la industrialización, demografía histórica, capital humano, mercados laborales, desarrollo económico y sostenibilidad, historia del pensamiento económico, historia económica del turismo, historia industrial, e historia agraria.

A modo de introducción, el presidente de Athenáa señaló que, a finales del siglo XIX y durante gran parte del XX, Almería sufría una constante pérdida de población, convirtiéndose en una de las provincias con mayor tasa de emigración, cuyo destino principal fue el norte de África.. Pero a la vez que se pierde población, el poniente está en un proceso de crecimiento casi exponencial. Esto nos lleva a recordar el libro de nuestro amigo José Luis Callejón sobre lo que pasó a partir del agua del Fuente Nuevo y la llegada de los parrales. Una migración que siempre ha sido algo cercano, desde la Alpujarra y la Contraviesa hasta que rebasa la frontera a partir del año 80.
Ponente: Víctor A. Luque de Haro (profesor de la UAL)
Víctor agradece a Athenáa esta invitación para participar en los Coloquios de Murgi y pasa hacer un resumen descriptivo de la evolución demográfica de la provincia desde mediados del siglo XIX hasta 1980, y que en la exposición hará un breve repaso a las teorías que explican las migraciones para ver cómo cumplen o no estas premisas en cuatro casos: las migraciones a Linares, a Argelia, a Cataluña y al Poniente Almeriense. Ha elegido estos cuatro porque en ellos los almerienses tuvieron un claro protagonismo. Finalmente, comentará unos gráficos sobre el giro de emigración a inmigración y una conclusión: de tierra de migrantes a tierra de acogida.

Evolución Demográfica de Almería.
Presenta un gráfico de la evolución de la población almeriense desde 1857 hasta la actualidad. Desde 1857 hasta casi 1980 la provincia se mueve entre los 300.000 y los 400.000 habitantes. Almería va perdiendo peso en el conjunto de España; partimos de un 2% y bajamos hasta el 1%. A partir de 1975 empieza un crecimiento exponencial. Este estancamiento anterior no se debe a pocos hijos o alta mortalidad, sino a los saldos migratorios negativos que restaron población a Almería durante décadas. Entre 1910 y 1950, Almería es la provincia andaluza que más población emigra, en contraste con Sevilla.


Marco Teórico: ¿Por qué se iba la gente?.
El ponente concentra la teoría en tres puntos:
Primero, las leyes de Ravenstein del siglo XIX. Una dice que la relación entre migración y distancia es negativa: a mayor distancia, menor flujo. Otra es que la población rural tiene mayor propensión a migrar que la urbana.
Segundo, los factores push and pull (expulsión y atracción). Factores de expulsión son la pobreza, crisis agrarias, escasez de trabajo y salarios bajos. Los de atracción son las oportunidades laborales, mejores condiciones de vida y abundancia de tierra. «La gente no se iba por aventura, sino porque creía que en otro lugar podría tener una vida mejor».
Tercero, el concepto de redes o cadenas migratorias. Son vínculos sociales que conectan a los migrantes con su origen y reducen riesgos como la búsqueda de vivienda o trabajo. En el siglo XIX eran esenciales; si alguien de Berja sabía qué pasaba en Linares era por una carta de un primo. El papel de los pioneros es fundamental aquí; suelen tener un capital humano superior y menor aversión al riesgo. Estas redes también funcionan para el mercado matrimonial; el hecho de que los almerienses en Cataluña se casasen entre sí denota esa conexión.

Caso 1: El camino de los mineros a Linares.
Sobre Linares y los ciclos mineros, existe lo que Jordi Nadal definió como la «cadena de relevos» en la minería del plomo. Almería fue la primera cuenca importante, pero cuando su explotación empezó a caer por el agotamiento de los pilones, la de Linares estaba creciendo mucho. En 25 años, la población de Linares pasó de 5.000 a 36.000 habitantes; se multiplicó por siete. Según el censo de 1877, era el municipio con más foráneos de España tras Madrid, con un 46% de población no nacida allí.


Analizando microdatos del censo de 1873, vemos que la intensidad migratoria era alta en zonas cercanas, pero también en zonas mineras lejanas como la Alpujarra o Almadén. Los migrantes se concentraban en edad activa para trabajar y había un mayor peso de varones por ser el sector minero el protagonista. Existía una especialización productiva: los de la Alpujarra o Sierra Almagrera iban directos a la minería, mientras que otros iban a la agricultura. Además, se agrupaban por barrios según su origen: los de la Alpujarra cerca del Ayuntamiento y los de Cuevas en la zona del Pilar.


Caso 2: Las migraciones a Argelia y el esparto.

A partir de 1860, el esparto ganó importancia como materia prima para fabricar papel, especialmente demandado por Inglaterra debido a la Guerra de Secesión en EE.UU., que interrumpió el suministro de algodón. Almería fue el principal centro de origen de los trabajadores que fueron a Argelia a recolectar esparto. Argelia estaba más cerca que Madrid en tiempo y coste gracias al transporte marítimo.


Eran migraciones de ida y vuelta, con una clara estacionalidad ligada a las tareas del campo. La gente salía en primavera y otoño cuando había menos trabajo aquí y volvía para las fiestas locales con ahorros. «Cruzar a Argelia no era romper con Almería, sino buscar una oportunidad para poder seguir viviendo en Almería».

Caso 3: Las migraciones a Cataluña.
Cataluña demandaba mano de obra por su temprano desarrollo industrial. Hubo dos momentos intensos: desde la Primera Guerra Mundial hasta la Guerra Civil, y desde los años 50 hasta 1975. Durante la autarquía franquista hubo una ralentización por el empobrecimiento general y la falta de demanda industrial.

En 1930, los almerienses en Cataluña representaban el 35% de la población que había en Almería en ese año. Era una magnitud asombrosa. Para 1970 llegaron a ser 126.000 personas. Actualmente, el 50% de los almerienses que viven en España fuera de su provincia están en Cataluña. Esto se explica por la «dependencia de la trayectoria»: es más fácil ir a donde ya tienes conocidos y redes facilitadoras.


Caso 4: Las migraciones al Poniente Almeriense.
El crecimiento del Poniente no es solo de la segunda mitad del siglo XX. Entre 1900 y 1950, la población de lo que hoy es El Ejido ya se había multiplicado por tres. Entre 1950 y 1991, el crecimiento fue explosivo, pasando de 7.000 a 41.000 habitantes.

Este crecimiento se debió a iniciativas hidráulicas como el Fuente Nuevo o el Canal de San Fernando, y la expansión del regadío parralero. Fue un modelo de agricultura familiar porque el acceso a la tierra era relativamente fácil y barato en aquel momento. También influyeron el Instituto Nacional de Colonización, la Caja Rural y la innovación técnica.

La población procedía principalmente de Dalías y la Alpujarra Baja (Adra, Berja, Murtas, Ugíjar). Fue una migración de proximidad, con familias completas y parejas jóvenes, lo que rejuveneció el llano pero envejeció la montaña. Pueblos como Murtas o Turón perdieron más del 60% de su población hasta 1986.

Conclusión: El giro de la historia.

Almería ha pasado de ser tierra de salida a tierra de acogida. Entre 2002 y 2022, la población creció de 550.000 a 780.000 personas, un aumento explicado casi totalmente por el aporte migratorio extranjero. En municipios como La Mojonera, El Ejido, Roquetas o Vícar, la población nacida fuera supera el 30%.

«Almería fue tierra de migrantes, hoy es tierra de acogida, y esa memoria debería ayudarnos a mirar de otra forma a los que vienen ahora». La diversidad no es una amenaza, sino que continúa y enriquece nuestra historia.


Debate y Preguntas.
Tras la ponencia, se abrió un turno de preguntas que dio paso a un animado debate donde se comentaron temas como la migración temporal a la Mancha para la siega, difícil de cuantificar por falta de fuentes según el ponente. También se habló de los pasaportes migratorios que emitían los ayuntamientos en el siglo XIX para controlar la movilidad y por cuestiones sanitarias, y se compartieron diversos testimonios que evocaban la memoria emotiva de los asistentes sobre estos flujos migratorios.

Se destacó que el Poniente es, por definición, tierra de inmigración y que la «pureza» está en la mezcla. Víctor resaltó la importancia de la integración de la segunda generación de inmigrantes, a quienes ve con excelente desempeño en la universidad. La sesión concluyó con una reflexión sobre la tolerancia y el respeto a la diversidad como base de la convivencia, y la entrega de un regalo (una medusa) al conferenciante por parte de la asociación.





