El Centro de Interpretación de la Cultura Mediterránea de El Ejido, acogió el pasado 22 de abril la segunda conferencia del “V Ciclo de coloquios sobre Murgi”, organizada por la Asociación Cultural Athenáa y con la colaboración del Ayuntamiento de El Ejido. En esta ocasión sobre el urbanismo y el arte religioso de los pueblos de colonización de Las Norias y San Agustín en su contexto provincial y nacional, con las ponencias del arquitecto y urbanista Pablo García-Pellicer López, y el profesor de la Universidad Politécnica de Cartagena, Miguel Centellas Soler.


VIDEO Conferencia
«Urbanismo y Arte Sacro en los Pueblos de Colonización»
El acto se inició con la presentación del presidente de Athenáa, Samuel Caro, indicando que despues de iniciar el V CICLO de los «Coloquios sobre Murgi» con la conferencia «Luis Siret y Baria/Villaricos (1890-1934)» por Juan Grima, volvemos a la carga con las conferencias y qué mejor que con los autores del flamante libro «Los pueblos de colonización de Almería», una obra escrita de referencia a nivel nacional en el ámbito académico sobre los pueblos de colonización que aunque tiene su tiempo, pues la verdad es que es bastante actual y un libro de referencia no solo para los pueblos de colonización de Almería, sino también a nivel nacional.
– Los pueblos de colonización en Almería –
Obra de referencia sobre las nuevas poblaciones impulsadas por el Instituto Nacional de Colonización en los años 50 y 60, editada en 2009 por el Instituto de Estudios Almerienses, el Colegio de Arquitectos de Almería y la Fundación Cajamar. Esta publicación intenta explicar el milagro económico almeriense, como transformación radical del territorio en apenas sesenta años, a partir de la revolución de la agricultura intensiva bajo plástico, que ha convertido a esta provincia en la “huerta de Europa”. Y, en ese cambio, jugó un papel clave el Instituto Nacional de Colonización (I.N.C.), organismo franquista creado para impulsar la agricultura y la instalación de colonos en la difícil postguerra.
Aprovecha para subrayar que lo que se pretende cuando organizamos los coloquios, es dar a conocer nuestra historia, nuestro testimonio, ponerlo en valor. Y de paso es posible incluso que se proteja, que se difunda y las cosas vayan lo mejor posible. Desde ese punto de vista, tenemos una deuda pendiente con los pueblos de colonización porque aunque entendemos por patrimonio en general una iglesia románica, un centro romano…, cosas que sabemos que sin duda son patrimonio, en cambio puede no entenderse como patrimonio algo que es relativamente reciente de los años 50 como son las poblaciones que construyó el I.N.C. en el franquismo, tan cercanas en el tiempo y vivas, porque las viviendas están habitadas y sus edificios públicos están en uso, y esto es algo que tenemos que trabajar y proteger. Ese es el reto de estas conferencias, ponerlos en valor porque en El Ejido tenemos dos de estos pueblos, Las Norias y San Agustín.
Samuel cede la palabra a Pablo García-Pellicer, Arquitecto especialista en urbanismo que trabajó como técnico en gestión de proyectos de la Iniciativa Urbana para la Regeneración del Centro Histórico de Almería (URBAN), y desde hace más de 25 años dirige su propio estudio. Como arquitecto en activo nos dará un punto de vista de lo urbano. Miguel luego nos hablará sobre todo del arte sacro porque el arquitecto de los pueblos de colonización lo diseñó todo, hasta los ornamentos litúrgicos.

Primera Ponencia:
– Arquitectura y desarrollo para una nueva agricultura –
Ponente: Pablo García-Pellicer López (Arquitecto)

Pablo inicia agradeciendo a Samuel y a la Asociación Cultural Athenáa la invitación para participar en estos ciclos, para a continuación aclararnos que su aproximación al tema de los pueblos de colonización no es del mundo académico, sino más bien desde un punto de vista profesional. En su vida universitaria siempre le llamaba la atención cómo habían abordado el reto de hacer un pueblo nuevo donde no hay nada y cómo lo habían hecho tan bien. El objeto es hacer pueblos nuevos para alojar a los colonos y sus familias que vienen a trabajar a unas tierras que se ponen en regadío. A partir del año 1971, el INC se llama IRYDA.
La magnitud del proyecto de colonización en España es abrumadora: se construyeron alrededor de 300 pueblos y unas 30.000 viviendas. En la provincia de Almería, se levantaron 14 pueblos con aproximadamente 1.100 viviendas repartidas en tres zonas clave: el Campo de Dalías, el Campo de Níjar y la zona del Saltador en Huércal-Overa. Estos núcleos, nacidos bajo el paraguas del Instituto Nacional de Colonización (INC) durante la dictadura, representan un hito urbanístico y social que transformó radicalmente el paisaje de Almería.
Un pueblo de colonización era como una ciudad autosuficiente y utópica. Nacía con todos los servicios: viviendas para colonos, para obreros, para maestros, talleres, iglesia, edificio social y escuelas. Todos tienen un conjunto armónico. En Las Marinas, por ejemplo, la torre de la iglesia preside la avenida y las fachadas de las viviendas están supeditadas a la calle. El arquitecto diseñaba todo: desde el campanario hasta los objetos religiosos.
Los pueblos de Almería, posiblemente no son los más interesantes arquitectónicamente, pero desde el punto de vista socioeconómico posiblemente son los más interesantes porque son los que más éxito han tenido en cuanto a crecimiento de población, de renta y éxito en la producción agrícola. Son los que más han crecido en toda España. Los técnicos como Leandro Pérez de los Cobos, Bernabé Aguilar, Juan Cuadrado o Cristóbal Cervantes, ensayaron con el enarenado y posteriormente con la cubierta de plástico, y en 1963 se instaló el prototipo del primer invernadero en una finca de El Parador.
Un ejemplo paradigmático es Campohermoso: diseñado en 1957 para 88 viviendas en un cruce de caminos desierto, hoy es una localidad de más de 8.000 habitantes rodeada de un mar de invernaderos.
La Lógica del Territorio: El Carro y los 5 Kilómetros
Uno de los aspectos más fascinantes revelados en la exposición es la planificación territorial basada en la escala humana de la época: el desplazamiento en carro. Tras un debate sobre si situar las casas en las parcelas o crear núcleos urbanos, se optó por esto último para fomentar la vida social.

La distancia entre pueblos se determinó por un tiempo de trayecto máximo de 45 minutos en carro, lo que equivale a un radio de 2,5 kilómetros. Por esta razón, al recorrer las zonas de colonización en Almería o en planes como el de Badajoz, se encuentra un pueblo aproximadamente cada 5 kilómetros. Esta estructura buscaba la autosuficiencia, dotando a cada núcleo de viviendas para colonos, maestros y obreros, además de iglesias, escuelas y centros sociales.
Arquitectura entre la Tradición y la Vanguardia
Los arquitectos se inspiraron en los pueblos tradicionales porque funcionan bien, se adaptan al clima y son bonitos. Pero no se trata de copiarlos literalmente, lo cual sería un «pastiche», sino de captar su esencia siguiendo el Manifiesto de la Alhambra de 1953. La arquitectura de estos pueblos es blanca, con huecos pequeños para refugiarse del sol. La arquitectura moderna aquí no está reñida con la tradición, sino que la interpreta.
Los arquitectos del INC, entre los que se encontraban figuras destacadas como José Luis Fernández del Amo y Alejandro de la Sota, se enfrentaron al dilema de cómo diseñar un pueblo nuevo sin caer en el «pastiche». Siguiendo la esencia del Manifiesto de la Alhambra (1953), buscaron en la tradición no una copia literal, sino una fuente de inspiración moderna: muros blancos, huecos pequeños para protegerse del sol y una escala humana que priorizara el bienestar del habitante. La arquitectura moderna aquí no está reñida con la tradición, sino que la interpreta.

José Luis Fernández del Amo Moreno (1914-1995)

En Almería, a diferencia de otros sitios de España, las plazas han cambiado mucho por el dinamismo de la provincia. Por ejemplo, en San Agustín las escuelas tienen un diseño de vanguardia con aulas abiertas a patios y ventilación natural. Sobre el urbanismo, Alejandro de la Sota decía que buscaba la escala humana con calles estrechas y casas bajas para que la gente viviera a gusto.

El diseño urbano fue un «laboratorio de soluciones». Se emplearon recursos para evitar la monotonía de la «calle corredor» (diseñada para el coche), utilizando perspectivas rotas, giros en el trazado y calles curvas que generaran sorpresa. En pueblos como San Agustín o El Solanillo, incluso se llegó a separar la circulación de carros y animales de las zonas peatonales, una innovación de urbanismo sostenible que se adelanta a su época.

También destacan los porches o soportales para protegerse del sol y animar la escena urbana. En Las Marinas y Campohermoso, José Luis Fernández del Amo creó ritmos de fachadas maravillosos con recursos muy sencillos y baratos como el juego de volúmenes, creaban una estética de gran calidad. Lamentablemente, muchas de estas intenciones de diseño se han perdido con remodelaciones posteriores que no tienen esa calidad arquitectónica.
Elementos de Identidad: Plazas y Campanarios
Cada pueblo fue diseñado como un conjunto armónico donde el arquitecto controlaba desde el urbanismo hasta los ornamentos litúrgicos de las iglesias. Los elementos clave de identidad fueron:
- La Plaza: El corazón de convivencia social que aglutinaba los edificios públicos y elemento ordenador del urbanismo en el trazado de las principales calles.

- El Campanario: Un hito visual único para cada pueblo, permitiendo su identificación desde la distancia. Cada uno es distinto para dar identidad.

- La escala pequeña: Atención a fuentes, farolas y detalles que enriquecen la vida.

Finalmente, Pablo destaca la atención a los detalles: entradas de viviendas que son espacios de sombra, las farolas, puentes, abrevaderos y depósitos de agua diseñados con cuidado. Un ejemplo innovador es Cañada de Agra en Albacete, donde se usaron «fondos de saco» para que los niños fueran al colegio por zonas verdes sin ruidos ni coches; una calidad de vida de urbanismo sostenible hecho hace 64 años.
Una Herencia en Riesgo
A pesar de su valor, este patrimonio enfrenta retos considerables. El dinamismo económico de Almería ha provocado que muchos de estos espacios originales se alteren o desaparezcan. En Puebla de Vícar, por ejemplo, el crecimiento explosivo ha dejado apenas vestigios del núcleo original de 13 viviendas y hoy es una ciudad de 30.000 habitantes donde apenas quedan unos pocos edificios originales.


Colonización fue un gran laboratorio donde trabajaron 80 arquitectos de alto nivel. La persona clave detrás de esta calidad fue José Tamés Alarcón, jefe del servicio de arquitectura del INC durante 40 años. Él dio los criterios, corrigió proyectos mediocres y permitió a los genios hacer obras maestras. Estos pueblos merecen nuestra atención y protección porque tienen identidad y fueron pensados para la gente. Sin embargo, su nombre y el de muchos colonos y técnicos —como Leandro Pérez de los Cobos, pionero del invernadero— corren el riesgo de caer en el olvido si no se reconoce el valor patrimonial de estas obras.

La conferencia concluye con una reflexión necesaria: estos pueblos no son solo un conjunto de casas, sino un testimonio vivo de superación y diseño inteligente. Es imperativo que la nueva ley de patrimonio haga un «guiño» explícito a estos asentamientos que, nacidos de un tablero de dibujo hace 60 años, siguen siendo lecciones vigentes de cómo construir comunidad desde la nada.
Samuel comienza presentando a Miguel Centellas, figura académica imprescindible para la comprensión del legado del Instituto Nacional de Colonización (INC). Formado en la Escuela de Arquitectura de Barcelona y doctor por la Universidad Politécnica de Cartagena, institución en la que ha ejercido su labor docente. Recientemente jubilado, su magisterio trasciende la vida administrativa; su trayectoria responde a la de un «maestro y profesor para siempre», cuya autoridad emana de una investigación de campo exhaustiva.
Segunda Ponencia:
– Arquitectura religiosa y arte en los pueblos de colonización –
Ponente: Miguel Centellas Soler (Doctor arquitecto)

Miguel Centellas explica que su vinculación con el patrimonio de la colonización en Almería se remonta a 1983, aunque el punto de inflexión fue su primera visita para una comunión a la iglesia de Las Marinas en 1985, donde detectó una singularidad arquitectónica, luego por otras cuestiones profesionales aterrizo en la Puebla de Vícar y empezó a ver que habían cuestiones interesantes, y allí empezó su estudio por los pueblos de colonización y que marcaría sus siguientes tres décadas de estudio. Centellas es coautor, junto a Alfonso Ruiz y Pablo García-Pellicer, de la obra de referencia nacional sobre los pueblos de colonización en Almería, sin embargo, su pericia no se limita al sureste español; el ponente detalló su labor durante diez años de prospección en Extremadura, donde recorrió la totalidad de sus poblados bajo condiciones extremas (desde los 5 grados bajo cero en enero en Vegaviana hasta los 38 grados de julio en Montijo), dotando a su análisis de un rigor documental basado en la experiencia física del territorio. Un arquitecto no solo construye algo, sino que tiene una mira social desde el punto de vista los «pequeños detalles» de la arquitectura religiosa, abordando el arte sacro tanto en su contenido como en su continente.
Evolución Arquitectónica de las Iglesias: Del Modelo Basilical al Postconciliar.
La evolución de la arquitectura religiosa en los pueblos de colonización (desarrollados entre 1954 y 1970) está marcada profundamente por el Concilio Vaticano II (1962-1965). Antes de este evento, predominaba la planta basilical, caracterizada por una gran nave central, naves laterales, crucero y ábside, diseñada para una liturgia donde el sacerdote oficiaba de espaldas a los fieles.
La arquitectura religiosa del INC no fue estática; fue un laboratorio de modernidad con el paso de la planta Basilical tradicional dominante de los años 40 y 50 a la vanguardista de los 60. A partir de 1962, las directrices eclesiásticas cambiaron radicalmente, buscando una mayor participación de la asamblea. Esto llevó a los arquitectos a experimentar con formas que rompieran la linealidad tradicional, buscando la funionalidad litúrgica para «acercar la asamblea al altar».
La arquitectura española de los años 40 fue muy complicada y compleja. Luis Moya Blanco en 1945 diseña la Iglesia de San Agustín en Madrid con influencias renacentistas italianas (Borromini), considerada una obra modélica que une el clasicismo con la modernidad, sirviendo de base para otros proyectos de Moya como la Universidad Laboral de Gijón, que marcó el camino de la renovación artística. Es una arquitectura como muy singular que nos indica que no se sabía por dónde tenían que ir los tiros en aquella época.


En el año 49, Francisco Javier Sáenz de Oíza gana el concurso para el Santuario de Aránzazu en Guipúzcoa, ejemplo de planta basilical con gran nave central con dos naves laterales, con un crucero y el deambulatorio en forma de ápside. Un proyecto que se desarrolla hasta 55, pero que luego la obra no se acaba hasta el año 69. Aquí ya empiezan a aparecer muchos de los elementos del arte de Eduardo Chillida (que realizó las puertas principales), Pascual de Lara (pinturas) y básicamente Jorge Oteiza con el apostolado en la fachada (figuras abstractas de piedra), una obra maestra de la escultura moderna española.


Plantas de Abanico, Circulares y Triangulares:
Antes de consolidarse la planta cuadrada, arquitectos de vanguardia exploraron diversas formas geométricas para adaptar el espacio a la nueva sensibilidad social y religiosa:
Miguel Fisac Serna, considerado el gran renovador, propuso la planta en forma abanico para optimizar la visibilidad litúrgica, que converge hacia el presbiterio, permitiendo que los bancos se dispongan de manera envolvente. En el Conjunto del Teologado San Pedro Mártir en Alcobendas (1955) planteó una planta hiperbólica, con las dos ramas de la hipérbole que generan un espacio en la nave principal de forma radial con el altar en el centro y el coro por detrás, de modo que el sacerdote no estaba de espaldas a los fieles sino de cara, adelantándose en diez años a las directrices del Concilio Vaticano II


Por su parte, Alejandro de la Sota exploró el círculo en la iglesia Entrerríos (1956) en Badajoz, donde la geometría circular no solo definía el templo, sino también el baptisterio y la subida al púlpito, dotando al conjunto de una coherencia espacial absoluta. Otros experimentos incluyeron: el rectángulo estructural de Sota en la iglesia de Valuengo (1954) de Jeréz de los Caballeros en Badajoz; las plantas de sectores circulares de Carlos Sobrini en Sancho Abarca (1959) de Zaragoza; o el triángulo de José Subirana en la Parroquia del Espíritu Santo en Alagón del Río (1957) de Cáceres.




Sin embargo, fue la planta cuadrada la que mejor sintetizó la búsqueda de un espacio democrático y comunitario para la asamblea.
Características y esquemas de la planta cuadrada.
Miguel Centellas identifica dos esquemas principales en la disposición de estas iglesias de planta cuadrada que se volvieron habituales tras el Concilio:
- Acceso Central: El fiel entra por el eje central y se encuentra con el altar en el medio del espacio, con la asamblea dispuesta alrededor. Un ejemplo destacado es el trabajo de Fernando Terán Troyano en Setefilla y Sacramento (1965), donde el presbiterio se sitúa en el centro bajo un lucernario que focaliza la luz sobre el altar.
- Acceso Diagonal: En este modelo, la entrada se realiza por una de las esquinas del cuadrado, creando una diagonal que amplía visualmente el espacio.
- La Vereda (1963): Proyectada por Fernández del Amo, quizás el arquitecto más importante de colonización, es una de las primeras en mostrar este cambio. El acceso se realiza de forma inusual por debajo de la torre, generando una diagonal hacia el altar.
- San Agustín de Almería (1968): Del arquitecto Jesús Ayuso es considerado uno de los conjuntos más interesantes, emplea esta entrada en esquina o diagonal. Los bancos se colocan rodeando el presbiterio, reforzando la idea de comunidad.


Una característica técnica clave de estas plantas cuadradas es el uso de la luz cenital. En lugar de grandes ventanales laterales, se instalan lucernarios sobre el presbiterio. Esto no solo cumple una función estética, sino que subraya la jerarquía del altar en un espacio que, por su forma cuadrada, tiende a ser más igualitario.
La planta cuadrada en los pueblos de la zona de El Ejido.
Hacia el final del periodo de colonización, los proyectos en la zona de El Ejido mostraron la consolidación de la planta cuadrada, que permitía disponer los bancos alrededor del presbiterio para fomentar el sentido comunitario, y además de la Parroquía de San Agustin:
Las Norias (1968) de Manuel Jiménez Varea: Al igual que San Agustín, representa la etapa final de la colonización en Almería. Aunque comparte dimensiones con templos anteriores como el de Las Marinas, su concepción espacial responde ya a los criterios postconciliares. Un rasgo distintivo de esta iglesia es el uso de una espadaña en lugar de una torre esbelta, una decisión de diseño que según Fernando del Amo, los arquitectos tomaban con relativa libertad según el tamaño y contexto del pueblo.
Solanillo: En este pueblo se observa la influencia de arquitectos como Miguel Fisac, quien defendía que la forma ideal para la participación del pueblo era la planta en abanico, alejándose de la rigidez de la nave tradicional.


Análisis de las Torres y Campanarios.
Las torres funcionaban como hitos visuales en el paisaje llano de las zonas de riego, dispuestas estratégicamente cada 5 o 6 kilómetros para servir de referencia territorial. Centellas destacó la audacia de sus diseños frente a la austeridad del resto del poblado.
| Material / Forma | Ejemplo de Pueblo | Observaciones |
| Planta Cuadrada (4m) | San Agustín (Almería) | Escalonamiento de vanos, modelo tradicional esbelto. |
| Referencia Popular | Esquivel (Sevilla) | Diseño de De la Sota; reminiscencias de minarete árabe. |
| Hormigón Visto | Puigmoreno (Teruel) | Uso audaz del material y geometría circular en piedra. |
| Estructura Metálica | Villafranco del Guadiana | Obra de José Antonio Corrales; hito de modernidad absoluta. |

Sobre la torre de hierro de Villafranco del Guadiana, Centellas relató la ejemplar labor del alcalde Veranio, quien, consciente de su valor patrimonial y ante la corrosión del hierro, impulsó una restauración fiel del campanario metálico, exigiendo que el herrero local replicara exactamente la estructura original de Corrales, respetando su material y diseño.

Los «Artistas Infiltrados».
Franco remodela el gobierno en 1951 y nombra como ministro de nacional a Joaquín Ruiz Jiménez. Era un ministro de talante más aperturista y en febrero del 52 crea y nombra como primer director del Museo de Arte Contemporáneo a José Luis Fernández del Amo, con lo cual nos vamos a encontrar que hay un arquitecto que en el 47 había sacado la plaza de arquitecto funcionario de colonización, por las mañanas trabajaba sus 7 ó 8 horas en colonización y por las tardes tenía que hacer el trabajo del museo recién creado. Centellas resalta que fue una figura clave para poder entender la renovación del arte en las iglesias al facilitar la entrada de artistas de vanguardia en los pueblos de Franco, tema recogido en el famoso artículo de la revista Cambio 16 en 1983: «Artistas infiltrados, rojos, ateos y abstractos en los pueblos de Franco», el único publicado sobre el tema del arte de colonización hasta la publicación del libro sobre los pueblos del INC en Almería (2009)
El ponente detalló la amarga anécdota narrada en el artículo sobre el fresco abstracto de Manuel Millares (un artista muy importante de la abstracción española de los años 50) en la iglesia de San Juan Bautista en el poblado de colonización de Algallarín (Córdoba). A la hora de inagurar el templo, el obispo se negó a bendecir el fresco recien pintado por no considerarlo apto para la iglesía, se intentó ocultar la pintura tras una pared falsa con ángeles convencionales para engañarlo y bendecir el templo. Sin embargo, un «chivatazo» eclesiástico alertó al obispo del engaño, quien, preso de la cólera, ordenó picar el fresco inmediatamente, perdiéndose así la única gran obra mural de Millares en el INC.
Alrededor de 60 artistas trabajaron para dotar de arte sacro las iglesias de colonización. El grupo El Paso fue un colectivo de artistas fundado en febrero de 1957 en Madrid, siendo el grupo de mayor relevancia en la configuración y definición de la vanguardia española de posguerra, y de sus ocho fundadores, cinco realizaron obras para colonización: Manuel Millares, Pablo Serrano, Pablo Rafael Canogar, Manuel Ribera y Antonio Suárez.
Para centrarnos en lo local, Centellas hablará de: Delhy Tejero (pintora) en Las Norias; Antonio Valdivieso (vidrieras) en Las Norias. Antonio Suárez (cerámica) en Puebla de Vícar y El Solanillo; y Julián Gil que es el autor prácticamente de todo en San Agustín (cerámica y vidrieras). El ajuar litúrgico muchas veces estaba realizado por los talleres Arte Granda, que es un taller que aún sigue existiendo en Madrid.



El Arte en los Detalles: De la Figuración a la Abstracción.
El análisis de las artes plásticas reveló una tensión entre la fe documental y la incertidumbre en las atribuciones del INC, por la gran dificultad en localizar las autorías de las obras porque muchas veces no estaban firmadas, un aspecto que Centellas denomina el «lío» de las fichas oficiales, y que lleva tiempo investigando con los familiares de los artístas y Julian Gil, único artistica superviviente.

Cerámica y Mosaicos.
Destacan Antonio Suárez, cuyo mural en Puebla de Vícar (1966) está firmado, y su obra en El Solanillo, de carácter más abstracto con representaciones de peces, palomas y un Pantocrátor. Arcadio Blasco sobresale por sus murales en Coto de Bornos y El Chaparral, utilizando la cerámica para generar texturas de vanguardia en espacios humildes. Generalmente los murales cerámicos se realizan con baldosas lisas, pero en San Agustín, Julián Gil presenta el retablo del santo con ciertos relieves.
Vía Crucis.
Se evidencia una transición radical: desde el figurativismo narrativo de Vegaviana hasta la abstracción total en Puebla de Vícar, donde Antonio Suárez reduce cada estación a una cruz y un número, y en Campohermoso, el alicantino Antonio Carpe realiza las estaciones en bitono entre azul y negro. En San Agustín, Julián Gil, el artista vivo más relevante del grupo, innovó agrupando las estaciones de siete en siete.
Pintura.
Resaltan Manuel Rivera, Jesús de Perceval (Roquetas) y Luis Cañadas (La Mojonera). Especial mención mereció Delhy Tejero, pintora vinculada a Picasso cuya calidad fue históricamente silenciada por el mero hecho de ser mujer. Pintó en tres iglesias de colonización, dos están en Almería. Centellas ha logrado documentar sus bocetos de ángeles dorados de Puebloblanco gracias a los sobrinos de la artista en Toro, reivindicando su autoría en la Virgen de la Fuensanta de Las Norias. Sin embargo, denuncia la incertidumbre en los archivos donde existen errores de atribución de autorías, así como iglesias donde existen duplicidades extrañas de obras del «Bautismo de Jesús» ante ausencias injustificadas de las mismas en otras.


Escultura.
Obras de gran fuerza expresiva como el Calvario en chapa de cobre de José Luis Sánchez en Las Marinas y las «Inmaculadas» de Eduardo Carretero en Atochares. Centellas recordó cómo las vírgenes de Teresa Eguíbar fueron tildadas de «provocativas» por los clérigos de la época debido a su modernidad formal.

Vidrieras.
Antonio Valdivieso es el autor clave en Almería, destacando las sutiles palmeras y pétalos en las vidrieras de Las Norias. En San Agustín, Julián Gil ejecutó una geometría ortogonal radical, única en España. El ponente denunció errores históricos de montaje en Coto del Bornos (Cádiz), algunas vidrieras se instalaron al revés, mostrando un Pantocrátor que bendice con la mano izquierda o un alfabeto «Omega-Alfa» invertido.



Bornos
La conferencia concluye con una crítica severa a las intervenciones recientes que desvirtúan la esencia del INC. Centellas calificó de «despropósito» el uso de pinturas industriales tipo «Titanlux» sobre piedra noble o tallas de madera, así como los «falsos históricos» en Las Norias, donde se pintó un efecto piedra sobre la pintura previa en lugar de decapar.

También denunció la pérdida de la especialidad estética original, como ha ocurrido en la Parroquia de San Agustín: con un techo falso que esconde su estructura original; las vidrieras de Julían Gil han sido ocultadas en parte y sufrido la pérdida de ejes votantes para la ventilación; en el presbiterio, el retablo de cerámica ha sido recortado y tapado con adornos neobarrocos que se han «cargado el altar original».
El despropósito en la iglesia de La Mojonera (Camponuevo del Caudillo) con la colocación de columnas de mármol, azulejos y aplacados de piedra alrededor de una magnífica pintura de Luis Cañadas, así como las pinturas de Jesús de Perceval en la iglesia de Roquetas de Mar con el apósito dorado que le han puesto alrededor, eliminando la sencillez moderna que definía estos templos


Como contraejemplo positivo, Centellas citó la restauración del mural de Arcadio Blasco en la Parroquia de San Francisco de Asís en Pueblo Nuevo del Bullaque, donde se ha estudiado con detalle cómo era el mural original con algunas fotos que había en blanco y negro, y se utilizó impresión 3D cerámica para recuperar las piezas perdidas.

Con la terminación de la conferencia de Miguel Centellas, Samuel Caro toma la palabra e invita a los ponentes y los asistentes para abrir una mesa redonda para preguntar y debatir sobre el tema, aprovechando que se encuentran presentes vecinos e hijos de colonos. Se abre un debate sobre las modificaciones de San Agustín donde una vecina expone que también hay que considerar que la vida evoluciona, que hoy si se dispone de materiales más acordes a los gustos de la gente, y sobre el techo necesitaba un arreglo, confirmando que el retablo de cerámica está completo, que las partes no visibles se encuentra debajo de los paneles nuevos. También salieron anécdotas sobre el desconocimiento general que se tiene del valor arquitectónico, urbanístico y artístico de los pueblos de colonización, y en particular con las obras de arte sacro de las iglesias donde obras como un ángel de Delhy Tejero en Las Norias, era usado de forma irresponsable por los vecinos fuera del templo y sin control alguno.
En conclusión, las cosas hay que conocerlas, si el patrimonio no se conoce, no se pone en valor, y para su protección sería recomendable:
- – Implementar ordenanzas municipales que exijan el respeto a la estética fundacional.
- – Intervenciones de bajo coste pero alto impacto: enviar cuadrillas municipales para eliminar aplacados modernos y encalar en blanco a coste cero, recuperando la pureza visual de los pueblos.
- – Evitar la adición de mobiliario y retablos que rompan la lectura postconciliar de los espacios.
El acto se cerró con el tradicional posado de los ponentes y la entrega de la «medusita» a Pablo G. Pellicer, el obsequio con el que Athenáa agradece su participación. Dado que Centellas ya contaba con ella, recibió en su lugar un libro sobre la historia de El Ejido, escrito por Francisco Espinosa.

























