El pasado día 8 de noviembre tuvo lugar una conferencia sobre el complejo mundo de la representación a través de objetos, usos y costumbres, dentro de los IV Coloquios sobre Murgi, un ciclo que quiere poner en valor la historia y el patrimonio cultural y natural de El Ejido, acercando y dando a conocer a la ciudadanía murgitana los 5000 años de Historia que nos contemplan a través de historiadores y ponentes de reconocido prestigio.

Una mirada de las curiosidades sobre símbolos y convenciones históricas a cargo de Elías Palmero Villegas, natural de El Ejido y murgitano de pro, Historiador del Arte de formación, jubilado de la Diputación de Almería donde ejerció como jefe de la Sección de Actividades Institucionales y Protocolo, nos invita a reflexionar sobre la manifestación del poder a través de los símbolos y convenciones en las diversas sociedades y culturas a lo largo de la Historia en todos los órdenes de la ida política, social, económica o cultural.
Elias inicia su charla coloquio con la proyección de una diapositiva de la bandera nacional como elemento identitario de los españoles, e ilustrativo para intentar definir que son los símbolos, sus curiosidades y convenciones históricas, una representación compleja a través de objetos y costumbres.

El hombre es el único animal que tiene capacidad para crear símbolos, se identifica emocionalmente con un objeto, idea, persona… como signo sensible concreto de un contenido espiritual, bien un emblema, un jeroglífico, una metáfora, un logotivo, una expresión narrativa, una convención grupal…
El primer símbolo del hombre es el YO, la representación de uno mismo, y quien sabe si esas pinturas rupestres de manos que aparecen en multitud de cuervas del paleolítico no son sino la manifestación humana del descubrimiento de su identidad, “este soy yo, es mi mano”. Pero lo que si es evidente es que nuesto primer símbolo es nuestro nombre, un sonido, una palabra y signos escritos que nos representan e identifican, los romanos no consideraban a un niño persona hasta que se le imponía un nombre pasados los 9 días desde su nacimiento (tiempo ponderado para su supervivencia o aceptación).
El humano primigenio también descubre que puede representar su vida cotidiana con símbolos que interpretan un deseo (una caza propicia), una protección o defensa ante el temor del peligro (mal de ojo), incluso hay quien piensa que se entretenían pintando y lo admiraban como algo bello (el arte). Estos símbolos se amplian con la creación de esculturas abstractas que representan la fertilidad por la capacidad de procrear y el ciclo de la naturaleza (las Venus), o la atribución al símbolo como un ser superior (dios).

Una vez visto el origen y definición del símbolo, Elias pasa a tratar el uso de determinados objetos como identificativos del poder, el trasmitir jefatura, producir respecto, crear dependencia y vincular con emotividad.
Para conseguirlo se fija en la naturaleza e imita a los animales, tomando aquellas cualidades más sobresalientes, bien su poder, su formas e imágenes, como símbolos de capacidades que representan el poder (plumas, pieles, cuernos, colmillos…), incluso creando seres nuevos que conjugan varias capacidades (el toro alado, la serpiente emplumada…). Una representación que se ha mantenido a lo largo de la historia, como la creación de seres mitológicos en las civilizaciones babilónicas, la iconografía de los evangelistas en el cristianismo, incluso hasta los tiempos actuales en el universo comercial de las marcas de coches, Ferrari (caballo), Jaguar, Seat León o el Panda.

Uno de estos símbolos de poder en común con todas las civilizaciones y épocas, es el Bastón de Mando, un objeto que otorga autoridad y que remanece de las culturas más antiguas donde el pastor guía el rebaño con su cayado o palo de madera. El poseedor del palo que guía la comunidad legitima el poder del gobernarnte. De este concepto se deriva el Cetro, un símbolo de dominio o supremacía en un ámbito, como el usado por los faraones egipcios compuesto por el flajelo (látigo) y el cayado, o el cetro de Carlomango, también el cetro de Napoleón, o el recientemente utilizado en la coronación de Carlos III de Inglaterra.
Otro de los objetos de símbolo de poder y autoridad es la Corona, el disco solar sobre la cabeza, la divinidad en la adoración al astro rey. A lo largo de la historia las variantes son incontables, desde la corona de laurel en la antigua Grecia y Roma, hasta la corona de oro de Inglaterra. No solo es un atributo para reyes o emperadores, también es usado por la nobleza, por la jerarquía de la iglesias como obispos, papas…, también en los escudos de reinos y ciudades, incluso hasta en escudos deportivos. Se diversificó tanto su uso que hubo que reglamentarlo para establecer un orden.

Los símbolos evolucionan con el tiempo y Elias nos ponde varios ejemplos. En primer lugar los fasces, una unión de un conjunto de varas atadas con cinta de cuero rojo formando un cilindro que sujeta un hacha de doble filo, originalmente un emblema militar que simbolizaba “la unión hace la fuerza”, junto con el hacha que simboliza la justicia inpacable sobre la vida. Inicialmente era un emblema de poder militar de los reyes etruscos, fue adoptado por los monarcas romanos y adaptado de forma romántica por el fascismo. Se ha usado en la heráldica como símbolo de la justicia como en la democracia americana, y hoy forma parte del emblema de la Guardia Civil indicando su capacidad de vigilancia y de salvaguarda.
Otro de los ejemplos de la evolución de los símbolos es el estandarte o manípulo, inicialmente un manojo de hierba atado a un palo como enseña de los soldados romanos, un palo que pasó a estar cubierto de oro, luego hecho de oro y finalmente de plata. El manojo de hierba se sustituyó por otro símbolo por antonomasia del Imperio romano, el Àguila. Este estandarte alcanzó un súper poder simbólico en el ejercito romano, su portador disfrutaba de gran prestigio y su perdida era considerada una seria humillación que la honra romana obligaba a su recuperación.

En la exposición de Elias también nos conduce por símbolos que nacen, se reproducen, o cambian de significado, bien porque se mistifican, se deforman o se falsean sus significados, como es el caso de la serpiente, que por cambiar la piel de forma periódica simboliza el rejuvenecimiento, la recuperación de la salud y de ahí a representar a la medicina y por derivación a la profesión farmacéutica. Representada con una serpiente sobre una vara, y también es utilizada por organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Otros objeto como el cáliz o la copa, es un símbolo femenino contenedor de la vida y que se adopta en farmacia por ser contenedor del medicamento, o la Paloma como símbolo de La Paz, al ser el animal enviado por Dios después del diluvio como portadora de una rama verde de olivo que significaba que estaba en paz con el hombre.
Los triunfos militares romanos a la vuelta a casa como ejercito vencedeor es una fuente intensa y creadora de simbolismos y rituales. Una celebración con grandes connotaciones políticas y de representación de poder. Se le concedia al General la celebración de un “Triunfo” para realzar su orgullo como beneficiador del pueblo, así como satisfacer la supremacía de Roma mostrando el trato vejatorio para los vencidos.
Este rito y ceremonia se ajustaba a una secuencia estandarizada, desde la solicitud al Senado para poder entrar a la ciudad como sumisión militar al poder civil del pueblo, el General tenía que esperar en el Campo de Marte a las afueras de Roma a la autorización civil. El desfile estaba compuesto por una comitiva festiva donde se exhibian armas, tesoros, estandartes, ídolos, símbolos… arrebatados a los vencidos, luego le seguían animales adornados para su sacrificio y a continuación el momento más esperado por el pueblo que era el paso de los jerarcas y generales derrotados, ataviados con sus galas locales. Cerraba el desfile la carroza del General, ataviado con su toga púrpura con el cetro del el águila y la rama de laurel, junto al carro a caballo los hijos mayores seguidos de los oficiales superiores y ciudadanos de Roma que habían sido liberados de la esclavitud, y por último la tropa con guirnaldas y entonando cánticos sobre el tirunfo, las hazañas y alabanzas al General.
Después del ocaso del mundo romano por la invasión bárbara y con la expansión del cristianismo, Europa se divide en reinos y aparece un nuevo orden económico y social que es el Feudalismo. Esta pluralidad de poderes (ciudades, familias, instituciones religiosas, territorios…) conlleva la necesidad de identificarse y diferenciarse, y nace uno de los signos de identifación más importantes, los Escudos, y para ordenarlos y regularlos se crea la Heráldica.

La Edad Media y el Renacimiento, son las épocas de oro de los símbolos y las convenciones, donde los ritos tienen prioridad sobre lo firmado. La norma o práctica admitida tácitamente como precedente o costumbre nos lleva a las convenciones, una idea o pensamiento no real pero aceptada de manera insconciente por diversas sociedades y culturas a lo largo de la historia.
Una prueba de estas convenciones las vemos desde los inicios del cristianismo con el uso de la pintura religiosa, como herramienta para dar a conocer las historias biblicas a una población mayoritariamente analfabeta. Con la intención de despertar la devoción algunos pintores y artesanos creaban escenas que no se ajustaban a los evangelios, generando símbolos e iconos que terminanan siendo admitidos como estereotipos pictóricos populares de uso general.

Elias nos cita claros ejemplos de estas convenciones, como la existencia de una columna en las escenografias de la natividad de Jesús en el arte religioso de finales de la Edad Media, un objeto fuera de lugar en un pesebre pobre y humilde, motivado por la costumbre de la época de enmarcar los acontecimientos en espacios públicos y de grandeza, y usaban la columna sugiriendo un palacio o un templo, como recurso narrativo para integrar lo sagrado con lo terrenal.
Otro ejemplo curioso son las múltiples escenas pictóricas de Jesucristo y El Evangelista jugando juntos. Aunque no aparece en la Biblia, la historia del arte ha supuesto que se conocerían y que jugarían juntos de pequeños, mucho antes que Juan bautizara a Jesús en el río Jordán.
Un caso más de estas convenciones son los géneros cinematográficos (oeste, terror, románticos, políticos…), que han creado un lenguaje audiovisual propio, y vemos el ejemplo de las películas del oeste, en concreto el spaguetti western creado por el director italiano Sergio Leone, con sus primeros planos, planos generales fijos, planos bajos en los duelos frente a frente, calles desiertas con pinchos rodando por el viento, una banda musical especial…
Un reperterio de lenguaje cinematográfico que ha creado un estereotipo repetido en multitud de filmografía, pero que curiosamente es una copia de la estética de los planos de una película anterior de un género y ambiente diferente, como es la película japonesa Yojimbo de Akira Kurosawa, sobre un mercenario que llega a un poblado del Japón feudal. Sergio Leone fue denunciado por copiarse y sentenciado a pagar a Kurosawa el 15% de las ganancias por derecho de autor, dándose la circunstancia que el director japones reconoció haber ganado más dinero por la sentencia que por su propia película.

Las convenciones evocan lenguajes que forman parte del imaginario estético y literario de la historia desde la Edad Media, como los blasones, divisas, sellos, atributos, jeroglíficos, gritos de guerra, victorias… Elias nos comenta lo interensantes que son los escudos y en especial el complejo escudo de armas de los Reyes Católicos construido con los símbolos de los reinos, del águila, el yugo con el “nudo gordiano”, el “Tanto Monta”, el haz de flechas, y la evolución del mismo en los siguientes reinados, con la salida de elementos caducos e incorporación de nuevos como las columnas de Hércules y el “Plus Ultra”, el águila bicéfala, el toisón de oro.., pero por la limitación del tiempo no va a entrar a desarrollar.



Quizás el elemento simbólico identificativo más utilizado es la bandera, aunque inicialmente no tenía ninguna relevancia como si tenía el escudo, sirvieron y sirven para la identificación o señalización de lugares, situaciones, posesiones, presencia de autoridades… adquiriendo en la actualidad además funciones expresivas de carácter emocional en manifestaciones públicas de todo orden: identitarias, deportivas, lúdicas, reivindicativas…

De origen militar como medio de identificación y señalización, la bandera en la Edad Media se utlizó sin consenso en infinidad de variantes lo que generaba gran confusión, llevando al rey Alfonso X a tomar cartas en este asunto con la reglamentación de los símbolos, sus formas, contenidos y a quiénes correspondía el uso de cada una de ellas.
La bandera actual española nace en época de Carlos III por un motivo puramente funcional. Para evitar la confusión en la identifación de las naves de la marina española con el uso general de la bandera de fondo blanco, el rey encargó una insignia visible y distintivo del pabellón naval, y surgió la bandera roja y amarilla que contrasta sobre cielo y mar. En el tiempo de Carlos IV también pasó a las plazas marítimas y fortificaciones, y durante el reinado de Isabel II se amplió al ejército de tierra, procediéndose a unificar su uso como bandera española de todos los ejercitos, añadiéndose un valor sentimental y objeto de loas emotivas. Alfonso XIII apoyó al ejercito en la legitimidad de su defensa, siendo la justicia militar quien juzgue y penalice los agravios a los símbolos de la nación, bajo pena de prisión.

Durante la Primera República se proyectó sustitur la franja inferior roja por la franja morada, que si se cambió en la Segunda República con la adopción de la bandera nacional tricolor “tres bandas horizontales de igual ancho, siendo la roja la superior; amarilla la central y morada oscura la inferior”. En la Guerra Civil la Junta de Defensa Nacional el 29 de agosto de 1936 vuelve a restablecer la bandera bicolor, roja y gualda como bandera de España, y que se mantiene en la actualidad.
Al final del siglo XIX nacieron símbolos nacionalistas como la senyera catalana y la ikurriña vasca, y a principios del XX la bandera andaluza, como banderas identificativas de su territorio patrio como entidad particular frente al centralismo del Estado, identificados por herencia histórica, cultural y la lengua común. Esta empatía y respeto al espiritu del pueblo como entidad natural del nacionalismo en Europa adquiere un valor romántico y una mirada especial. Un Romanticismo Polítiico que es más sentimiento que una ideología, al que seguirían las nociones de espacio vital, la pureza de la raza y la identidad religiosa, que alimentaron conflictos internaciones en el pasado siglo con la desintegración de la Unión Soviética, Yugoslavia, Checoslovaquia…

La bandera se convierte en el símbolo por excelencia de la nación de un pueblo, y en España su identificación y ritualización es un caso especial, formalizándose una serie de ritos, fundamentalmente militares. Su uso se reglamenta, preside los actos por encima de las personas, tiene su propio protocolo de movimiento, se le rinde honores con saludos y música, salvas de cañon, tiene himno y gritos de “Viva España”, tiene reconocimientos y signos de admiración y respeto. Se jura ante ella como símbolo de compromiso con la patria, se da la vida por ella, se ondea en balcones oficiales y civiles. Se crea una liturgia, literaratura y cancionero de carácter emotivo, como su uso en actos deportivos que a través de las Olimpiadas crea hábitos en su utilización.
La bandera es el primer símbolo que aparece en la Constitución Española, sustituyendo al escudo en su relevancia, y con un contenido emocional superior a los paises de nuestro entorno, si en Estados Unidos la bandera puede quemarse como acto de libertad de expresión, en España está penado.
Los totalirismos como los fascismos y los comunismos, comprenden el carácter emotivo de los símbolos y sus rituales, desarrollando nuevos discursos retóricos a través de la emoción. Conscientes del valor de propaganda constituyen departamentos específicos para crear y difundir sus mitos, palabras e imágenes, utlizando nuevos medios de comunicación como la radio y el cine.
El fascismo desemboca en una estetización de la vida política a través de la emoción. Las corrientes de vanguardia se consideran arte degenerado. El espectáculo del poder se convierte en una obra de arte, masas uniformadas compactas, desfiles, marcialidad, rostros impertérritos, sonidos, puestas en escenas simbólicas…
El comunismo prohibe el arte abstracto, considera que el arte debe ser realista, contar lo cotidiana valorando el trabajo para servir a la revolución social. El lider, los trabajadores y la vida cotidiana son los temas moralizantes para exaltar los logros de una sociedad sin clases, orgullosa de su trabajo y de sus dirigentes.
El gobierno de los totalirismos corresponde a las élites y a un Jefe. Diferentes formas de liderazgos a los que las masas trasfieren su voluntad para tutelar al estado. Estos lideres se arropan de atributos que le identifican con mitos, hechos y gestas de la historia nacional: Hitler como caballero teutónico, Stalin y Mao como maestros de pueblo, y Franco como cruzado y caudillo.
Es moneda corriente de los totalirismos elaborar mitos falseando sus contenidos, revisando periodos históricos de forma partidista e interesada, con la intención de anular la capacidad de razonar de los ciudadanos para favorecer la emoción estética.
En la edad moderna surgen los símbolos de uso popular y comercial y ya no representan a las familias, nadie conoce los escudos y como mucho algunas banderas. Ahora los símbolos son los productos y las marcas comerciales como iconos, logos, logotipo…


Más recientemente han surgido los avatares, una extensión de la vida de las personas como usuarios virtuales en las redes sociales en la plataforma digital. La evolución de aquella primera representación en la pintura rupestre del YO como descubrimiento de nuestra entidad, hasta una identificación creada de como queremos presentar nuestra identidad en la comunidad digital, incluso explorando aspectos de la personalidad más allá de la realidad física.
Como colofón a su exposición, Elias invita al presidente Samuel para presentar un símbolo muy importante en el mundo romano, se trata de la Toga, la prenda más importante del vestuario romano masculino que aportaba dignidad, clase, relevancia… para uso de los gobernantes y autoridades en eventos públicos, y ciudadanos en común en rituales sociales y religiosos. Dependiendo del cargo o el acto, existián distintos tipos de togas, unas con texturas especiales, o colores oscuros o púrpuras, otras con bandas o rayas…., incluso modos de colocarla según el evento, como el caso de cubrirse la cabeza en las ceremonias religiosas.
Para mostrar como se colocaba una Toga, algo no sencillo y que se necesitaba ayuda, Elias procede a colocarle a Samuel la toga que acaba de regalarle, un modelo de tela blanca con forma de semicirculo de 6 metros de diámetro en una sola pieza. La parte superior cae en forma de curva por la cadera derecha y después cruza el pecho en diagonal, formando el SINUS. La parte que iba desde el hombro izquierdo hasta el suelo, se estiraba hacia arriba por el sinus para caer formando un pequeño embolsamiento hacia adelante llamado UMBO. Solían estar tejidas de una sola pieza pero quizás las más grandes estaban compuestas de dos piezas cosidas. No se usan imperdibles ni agujas para mantener la toga, pero la parte que caía del hombro hasta el suelo se mantenía por su propio peso.




















